UNIVERSIDAD MARISTA DE MÉRIDA A.C.

La Jornada Mundial de la Juventud fue una experiencia que nunca se olvidará

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En la Universidad Marista de Mérida hay doce ruidosos. Once alumnos y el hermano Lalo Brondo quieren hacer mucha bulla, y seguir así la indicación del papa Francisco, quien en la Jornada Mundial de la Juventud invitó a los asistentes a alzar la voz, a «hacer ruido».

 

«Pero no se olviden: hagan lío, cuiden los dos extremos de la vida, los dos extremos de la historia de los pueblos que son los ancianos y los jóvenes, y no licúen la fe», señaló ahí el Pontífice. Por lío se refería a que quiere que los jóvenes se muevan, se levanten, no se queden quietos y hagan ruido.

Con un año de anticipación, estos once universitarios planearon su viaje a  Brasil, donde acaba de concluir una de las mayores concentraciones católicas de la historia. Su viaje a Río de Janeiro fue una auténtica peregrinación de casi 48 horas. De Mérida se dirigieron a la ciudad de México. De la capital del país, a Santiago de Chile, para finalmente arribar a Río el 17 de julio pasado.

En esa metrópolis sudamericana se hospedaron en el colegio San José Tijuca, donde se realizó el Encuentro Internacional de Jóvenes Maristas. Ahí coincidieron estudiantes de más de cuarenta países, haciendo de esa escuela -de preescolar a preparatoria- una pequeña Babel donde se hablaban cuatro idiomas diferentes.

Este evento marista, que se realiza cada cuatro años, fue la antesala a la Jornada Mundial de la Juventud. Se dividió en dos: la reunión «Change» y Juventud Misionera. Los que participaron en esta última se trasladaron a Curitiba, a trece horas en autobús de Río de Janeiro.

La delegación de la Universidad Marista de Mérida fue la más numerosa de la Provincia de México Occidental, que en total conformaron veintiún jóvenes. Además del hermano Lalo, acompañaron a este grupo los maristas Agustín Acevedo y Melesio Meléndez.

La vida en comunidad

Durante el Encuentro Internacional de Jóvenes Maristas el colegio San José Tijuca se convirtió en el epicentro de las actividades. Ahí comían, convivían, cantaban, rezaban  y dormían «embajadores» de las obras maristas de todo el mundo. 

Todos llevaron sus bolsas de dormir, y lo hacían en los salones de clases. Se separaron espacios para hombres y mujeres, pero en cada grupo se fomentó la integración, combinando las nacionalidades. Así, nos cuentan nuestros universitarios que participaron en esta experiencia, compartían salón con «nigerianos, españoles, argentinos...».

Como parte de las actividades, se visitaron diversas obras sociales en las que los hermanos maristas brasileños tienen alguna responsabilidad. Los participantes, tanto de «Change» como Juventud Misionera, conocieron favelas, centros de estudios de samba, hospitales y estancias donde niños y jóvenes con discapacidades aprenden por medio de las artes.

Jornada «electrizante»

Los reportes de la prensa respecto a la Jornada Mundial de la Juventud destacaron la misa de clausura, oficiada por el papa Francisco. Se calculó que dos millones de personas asistieron a la ceremonia. Los once jóvenes maristas yucatecos estuvieron presentes. Once de dos millones.

Señalan que fue una experiencia única, que los marcará durante toda la vida.

A Rosa, de Administración, una de las cosas que más le llamó la atención fue cuando, en la misa de inicio, escuchó cómo miles de jóvenes cantaban «Alma misionera»... «Y lo hacía cada uno en su idioma: en español, en portugués, en inglés...».

Laura, de Nutrición, por su parte, no puede olvidar la impresión que le causó el silencio total que se registró en la Vigilia. «Eran cientos de miles de personas congregadas en el Copacabana. Todo era ruido, música... Y de repente, cuando fue la hora de adorar al Santísimo, se hizo un silencio absoluto. Sólo se escuchaban las olas».

No es lo mismo leerlo que escucharlo de viva voz. Los alumnos de la Universidad Marista de Mérida que asistieron a la Jornada Mundial de la Juventud señalan que la presencia del papa Francisco le dio un toque especial al histórico evento.

«Dio un ‹mensaje neta›». «Sentimos que habló de chavo a chavo». «Además, ¡habló en español!». Recuerdan que uno de los mensajes de Jorge Bergoglio que más les llamó la atención fue cuando le pidió a los sacerdotes que se acerquen a los jóvenes por todos los medios que puedan, «ya sea por chat o por Facebook».

El antes y después

Los representantes de nuestra universidad que viajaron a Brasil fueron Reinhard Janssen Aguilar, Adriana Vargas Santana, Rosa Romero Canché, Laura Pasos Canché, Angel Gil May, Javier Avila López, Nancy Gamboa Mancilla, Andrés Quiroz Méndez, Genner Peniche Castro, Juan Pablo Paredes Segura, Eduardo Castillo Canul y Miguel Gómez León.

Como ya se mencionó, organizaron con un año de antelación su aventura brasileña. Para hacerse de recursos, vendieron donas y otras golosinas en su alma máter, así como en el CUM, el Colegio Montejo y en la Escuela Joaquín Peón. También pintaron caritas a niños en la Bicirruta, de Paseo Montejo, y estuvieron presentes en las actividades deportivas de las escuelas antes mencionadas. La última semana, la rectoría de la Universidad Marista de Mérida les obsequió un curso de portugués.

A su regreso a Mérida no pisaron ni su casa. Del aeropuerto se fueron directamente a Chelem, donde, en la Casa Marista, tuvieron un retiro de retroalimentación. Además de nuestros estudiantes, asistieron los otros alumnos maristas de la Provincia México Occidental que fueron a Brasil.

Ahí, guiados por el hermano Agustín, llegaron a la conclusión que es necesario consolidar y fortalecer la pastoral juvenil marista. 

Como se mencionó al principio, once alumnos y el hermano Lalo Brondo quieren hacer mucha bulla en la Universidad Marista de Mérida. Bienvenido sea ese ruido.

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