UNIVERSIDAD MARISTA DE MÉRIDA A.C.

¿Por qué vale la pena ir a psicoterapia?

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Dos alumnos de la Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica que se imparte en la Universidad Marista de Mérida nos lo explican. 


Primero publicaremos la opinión de Yamile Saidén.

“Como si jugáramos ajedrez”

Cuando pienso en psicoterapia, son diversas la ideas e imágenes que se me pasan por la mente, influenciadas por mi propia formación, mi experiencia estando en tratamiento, pero también por los anhelos y fantasías de lo que espero de este complejo proceso. La mayoría de las veces las personas acudimos a terapia porque tenemos un problema o situación crítica que está afectando algún aspecto de nuestra vida y nos produce malestar, porque algún otro profesionista nos lo sugiere o nos deriva, o porque alguien nos obliga (esto es evidente principalmente en menores de edad o personas con afecciones mentales severas).

Tomar la decisión de iniciar un proceso terapéutico puede ser difícil, porque nos enfrentamos no sólo a nuestros propios fantasmas y temores y exponemos ante un desconocido partes muy íntimas de nuestro pensar y nuestro sentir, sino porque nos enfrentamos a la incertidumbre de lo que sucederá ahí. Un terapeuta mundialmente famoso comparó en alguna ocasión la psicoterapia con el juego de ajedrez; uno sabe cómo empieza y cómo termina, pero cómo se moverán todas las piezas, el tiempo que nos llevará la partida, el tipo de jugadas que se realizarán y cómo será la relación de los jugadores es algo que ni el más erudito en la materia puede predecir o regular. Ciertamente así es la psicoterapia, la historia de cada paciente se irá desplegando en el tablero, pero siempre en interacción con lo que el terapeuta hace y devuelve.

La labor del terapeuta es poner todas las condiciones previas necesarias para que éste juego pueda empezar; su conocimiento, su experiencia, su capacidad de escucha y su empatía deben ser colocadas al servicio de cada paciente y éste debe realmente saber que en esa relación que comenzará, los dos tienen el mismo compromiso y objetivo. Si estamos en un proceso terapéutico es porque a pesar de las incógnitas, tenemos claro que deseamos mejorar y creemos que podemos lograrlo.

Independientemente de las diferencias que existen en las variadas técnicas terapéuticas, los pacientes necesitamos sentir que hay alguien que nos escucha, que no nos juzga, que puede percibir nuestras emociones y que sabiendo nuestra historia puede ayudarnos; que está dispuesto a jugar con nosotros. No significa que siempre en todas nuestras sesiones nos vamos a sentir de esta manera; muchas veces no nos vamos a sentir así en absoluto, porque nos veremos descubriendo que el mundo no funciona como creíamos, que nosotros no siempre somos lo que pensamos, que los peones tienen algo de reyes y los caballos algo de alfiles. Cuando nuestro compañero de juego nos recuerde las reglas o nos confronte con alguna movida, probablemente no nos sintamos muy felices, es parte del juego.

Lo innegable es que en el juego de la psicoterapia necesitamos la sensación de confianza con nuestro interlocutor para animarnos a mover el primer peón que permita que el juego inicie y, cuando encontramos un buen compañero, la partida al final aunque agotadora, es enormemente gratificante.

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