UNIVERSIDAD MARISTA DE MÉRIDA A.C.

Samuel Ruiz García, Hermano marista afiliado

Por /

Defensor de los derechos de los pueblos indígenas de México

 

El portal web marista www.champagmat.org informa lo siguiente:

 

El que fue obispo de San Cristóbal de las Casas, en el estado de Chiapas (México), Samuel Ruiz fue nombrado Hermano Marista afiliado por la Provincia marista de México Central en reconocimiento a su cercanía y apoyo a los hermanos en la misión de Guadalupe, obra misional de los Hermanos Maristas en Chiapas.

 

Con asistencia del hermano Provincial de México Central, hermano Ricardo Reynozo y de los hermanos Josep Maria Soteras y Eugène Kabanguka, Consejeros generales, en una ceremonia íntima y familiar en su casa de Querétaro, Qro. México, el día 10 de diciembre del 2010, recibió el reconocimiento de “Afiliado al Instituto de los Hermanos Maristas”.

 

La vida de Monseñor Samuel Ruiz recoge parte de la memoria histórica de su caminar como obispo. En 1959 es designado Obispo de San Cristóbal de las Casas, en el estado de Chiapas (México) una diócesis con una población muy pobre y mayoritariamente indígena. El 6 de enero de 1962 llamó a colaborar a los hermanos maristas y se funda la misión de Guadalupe iniciando con una escuela para los catequistas varones de las comunidades indígenas.

 

Monseñor Samuel se hizo mundialmente famoso por su cercanía a los pueblos chiapanecos y por haber prestado su colaboración como mediador en el conflicto de Chiapas entre el indigenista Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el gobierno federal mexicano. Ejerció de obispo en San Cristóbal de las Casas hasta 1999. Hoy día vive retirado en su casa de Querétaro.

 

El Hermano Eugène Kabanguka, tras la experiencia vivida junto a este hombre ha escrito el siguiente testimonio: “Don Samuel, un creyente lleno de amor a la Iglesia y muy creativo en su misión pastoral. Cuando uno está en contacto con Don Samuel, se encuentra ante una personalidad profética con una fe y un amor que nada puede detener. Se nota en él el amor por las enseñanzas de la Iglesia, el amor al pueblo de Dios, a la verdad y a la justicia. En su misión pastoral, Don Samuel ha sido creativo mostrando que la Iglesia como Madre debe defender decididamente los derechos de sus hijos sin miedo ni vergüenza, aceptando el riesgo de ser malinterpretado y la misma muerte si fuere necesario.

 

Tenerlo como uno de nosotros, como miembro afiliado al Instituto, nos llena de gozo y constituye un desafío en el momento de “salir de prisa con María hacia una nueva tierra”. Don Samuel, conoce como Abraham y Moisés lo que significa la “nueva tierra”.

Por su parte, el hermano el hermanJosep Maria Soteras ha visto así el momento de encuentro con Monseñor Ruiz: “El encuentro con el obispo emérito de Chiapas, Don Samuel Ruiz, fue entrañable. El hermano Eugène y un servidor no le conocíamos personalmente y sólo con la acogida, nos dimos cuenta de estar ante alguien a quien el Señor había trabajado profundamente durante su vida. No nos habló tanto de lo que él había hecho, sino de cómo la vida y los indígenas de Chiapas le habían transformado y le habían llenado su vida. Con ellos había podido encarnar una vez más en la historia humana la parábola del evangelio. Nos encontramos frente a un hombre anciano, sencillo, sin ningún deseo de alardear: ‘En las guerras, se hacen las estatuas a los generales, pero en el frente, mueren los soldados. Me miran a mí, pero lo sucedido en Chiapas no hubiera sido posible sin los Hermanos maristas’ –dijo–. Junto con la evangelización llevada a cabo por centenares de catequistas indígenas, estos pueblos han ido recuperando el sentido de su dignidad humana. El proceso no ha terminado pero ya es imparable: sólo es cuestión de tiempo. Con una imagen expresaba este proceso: ‘Cuando llegamos, los indígenas caminaban encorvados y debían bajar de la acera e inclinarse ante cualquier criollo que circulara por ella. Ahora caminan erguidos por esas mismas aceras que comparten con quienes pasan por ellas. Van recuperando el mundo y en él, van sintiéndose en casa’. Nos parecía una reedición del éxodo o de la vuelta del exilio, con hombres de carne y hueso acompañando el camino, el obispo Don Samuel, nuestros Hermanos de México Central… En el proceso se cruzó la violencia, fue acusado de revuelta, se sospechó de él dentro y fuera de la Iglesia… pero ajeno a tanta agresividad de unos y de otros, nada de ello parece haber hecho mella en él y guarda una extraordinaria serenidad y amabilidad: en sus relatos y experiencias, sobresale sin ninguna duda la ternura. Vive su sencilla ancianidad en una discreta casita en la capital, acompañado por sus familiares y su secretario personal de siempre, un laico. Una de tantas iglesias domésticas desde donde continúa su ministerio, inspirando a tantos que se acercan a visitarlo.

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