UNIVERSIDAD MARISTA DE MÉRIDA A.C.

La humildad del pastor

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Con este título la revista Mirada Global, que promueve la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México,  publica el siguiente artículo del sacerdote jesuita Nathan Stone, quien además es maestro en Literatura y Teología.

El Buen Pastor, a cuyo rebaño pertenecemos, no es autoritario ni prepotente, sino manso y humilde de corazón. Convoca a la multitud con su ejemplo, con su sencillez, con su compasión solidaria. El Rey de reyes, el todopoderoso, no necesita imponerse, sino sencillamente estar, porque sus corderos conocen su voz. Hoy quisiera destacar la humildad del Buen Pastor. Es un punto imprescindible que la cultura actual desprecia con bastante facilidad. Somos los hijos de la fama y el logro individual. Es el tiempo del espectáculo, el prestigio y grandeza.

 

En los Ejercicios Espirituales, San Ignacio incluye una meditación fuerte para consolidar la conversión entre los que ya han optado por dejar el camino del pecado y la muerte. Es para probar y confirmar a los que conscientemente han escogido el camino del bien y de la vida.

 

Advierte que el Tentador sigue tendiendo redes y cadenas a los convertidos para descarrilar los procesos. Antes de la conversión, el enemigo de natura humana, tentaba con deleites aparentes y seducciones burdas. Después, no le resulta. Así que hace tropezar con falsas razones, egoísmos y arrogancias que se presentan bajo la apariencia del bien.

 

El reciente terremoto nos dio a entender cómo a veces la creación queda momentáneamente descreacionada. La conversión, por sincera que sea, en su momento, puede también decaer, quedando el santo desconvertido, sin darse cuenta. La santidad es la herencia de los hijos de Dios, pero hay que conquistarla, hacerla propia, peregrinar confiado en su amor, hasta empaparse completamente de Cristo Resucitado.

 

Esto toma tiempo, esfuerzo y sacrificio. Cuando se mueve la tierra, recordamos que la armonía geológica es precaria, un regalo de Dios que se renueva cada día. El caos pre-creacional puede volver en un instante. La conversión, también, es delicada. El desorden pre-conversional puede volver en cualquier momento. Por eso, los cristianos piden gracia todos los días para no caer en la tentación.

 

El Tentador provoca al convertido tentando primero con riquezas. Utiliza falsas razones, diciendo que con riquezas, talentos, victorias y triunfos, uno puede servir mejor al Reino. El próximo paso, los vanos honores del mundo. El convertido descarrilado empieza a vivir, en la mirada de los demás, por los aplausos. Finalmente, el autor del pecado lo conduce hacia crecida soberbia, y de ahí, a todos los demás pecados. Queda peor que si nunca se hubiera convertido.

 

El Buen Pastor, por su lado, lleva al convertido por un camino contrario. Invita a seguirle en pobreza y sufrir desprecios para llegar finalmente a la humildad. No hay que confundir la humildad con el sometimiento. Se trata de vivir en paz, confiado en Dios, que permanentemente sostiene a cada peregrino con su gracia. Así, libre de los apegos mundanos, procede adelante, por la puerta de la humildad, siguiendo el ejemplo de Jesús, hacia todas las demás virtudes. Que sean virtudes misioneras, para el bien de la enorme muchedumbre.

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