Isabela Ancona Loret de Mola ya extraña a la Universidad Marista. Se graduó hace apenas una semana, y comienza una nueva etapa en su vida con la añoranza de quien recuerda con felicidad gratos, inolvidables momentos. Sin embargo, los nuevos retos a los que se enfrenta no son del todo desconocidos, pues desde hace ya más de un año trabaja en la agencia de publicidad Arte Visual.
Isabela obtuvo el mejor promedio de su generación en la licenciatura en Administración, al alcanzar 95.42; es hija de Alberto Ancona Cámara y de María Isabel Loret de Mola Esquivel. tiene dos hermanos menores: Alberto, quien estudia Ingeniería Industrial en Monterrey, y Ana Lucía, quien aún cursa secundaría en el Mérida, escuela de la que igual proviene la recién graduada administradora.
Isabela se titulará por promedio, y, en un futuro próximo se ve estudiando una maestría, «tal vez en publicidad». Considera que sale preparada, con experiencia, lista para poner en alto el nombre de sus compañeros y de la Universidad Marista. Sostiene que una de las principales características de los administradores egresados de esta casa de estudios es la honestidad, misma que se fomenta desde varios frentes. Ejemplifica con el rigor con el que se advierte sobre el plagio.
Asimismo, considera, los administradores maristas están muy bien capacitados para trabajar en equipo, competencia que se adquiere, entre otras experiencias, en las materias interdisciplinarias, en las que se convive y estudia con alumnos de diferentes escuelas.
La mejor promedio de Administración comparte que para mantener sus calificaciones de excelencia tuvo que realizar sacrificios, ya que era consciente de los retos a los que se tendría que enfrentar en el mundo laboral. La asistencia a clases, las lecturas previas y posteriores a la exposición de los maestros, dar los mejor de sí… Todos esos esfuerzos hoy se reflejan en una tersa transición de las aulas a la oficina.
Entre las experiencias de su formación universitaria, Isabela destaca el semestre de intercambio en Madrid, específicamente en la Universidad de Nebrija, donde coincidió con otros cinco compañeros de su generación. «Fue una gran experiencia, académica y personal», recuerda. Destaca igual la vocación de sus maestros, los cuales no se conformaron con seguir el programa y transmitir la teoría, sino que compartían, «con una generosidad inusual», sus propias experiencias profesionales.
«Y así», señala, «conocíamos de primera mano problemas reales, proyectos y casos de empresas de nuestra ciudad, lo que complementaba lo que se mencionaba en los textos».





