UNIVERSIDAD MARISTA DE MÉRIDA A.C.

Oasis de solidaridad

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Hoy, lunes 6, el Por Esto! publica la siguiente información:

Como a sus 71 años don Guillermo Us Cabrera no podía caminar, estaba ya pensando en conseguir una silla de ruedas porque sentía que se iba a quedar inválido el resto de su vida.

Nacido en Peto, había sido un hombre fuerte que logró trabajar 45 años como albañil, pero hace 3 años sus rodillas ya no lo sostenían. Por eso cuenta:

“Si me quería poner de pie, mis piernas se quedaban sin fuerzas y me caía. Como me dolían mucho las rodillas, tenía que tomar pastillas de lo más fuerte para calmar el dolor. A veces, a pesar de eso, me atrevía a andar en bicicleta subiéndome con mucho trabajo, pero si me tenía que parar en un alto, al bajar el pie se me doblaba la pierna y me aporreaba. Igual me pasaba al llegar a donde iba, porque al parar, siempre me caía, por lo que en los últimos 3 años prácticamente había estado en cama diariamente”.

Y así hubiera seguido don Guillermo de no ser porque una señora le comentó a su esposa que cerca de su casa, ubicada en la colonia San Antonio Xluch, había un lugar donde lo podían curar.

Además—le dijo-, cobran nada más 5 pesos, pero si sólo tienes 1 peso, eso das, y si no tienes nada no das nada.

¿Un lugar donde curan prácticamente gratis? —le preguntó don Guillermo a su esposa—no lo creo. Ya ves lo que me pasó con el Seguro Popular, me dijeron que tenía desgaste de rodilla, me pasaron al O´Horán y allá sólo me daban puro paracetamol y diclofenaco. Me decían los doctores que no tenía remedio, a menos que me operaran, pero que una operación salía muy cara y el Seguro Popular no la cubre. Un doctor hasta me dijo que, si quería, en su consultorio privado me podía inyectar un aceitito en cada rodilla para aliviarme, pero costaba 500 pesos por rodilla. ¿De dónde? Si tengo tres años que no puedo trabajar…

Más por curiosidad que por creerlo posible, don Guillermo fue entonces al Centro Marista de Atención Social “San José”, situado en la esquina de la calle 60 por 145 de San José Tecoh y, efectivamente, por sólo 5 pesos que echa (si tiene) en una alcancía que está en una mesa, le han dado fisioterapia varias veces a la semana desde febrero y, a la fecha, reconoce que ya se ha curado al 50 por ciento, pues ya no le duelen las rodillas y ya hasta puede caminar.

Lo mejor de todo—relata—es que le dije adiós a la idea de andar en una silla de ruedas.

La estrategia ha sido que fortalezca sus piernas, porque este mal se controla fortaleciendo las piernas—explica la maestra Laura Canté González, coordinadora del área de fisioterapia, donde en el primer turno atienden al público de 8.30 a 11.30 de la mañana, y el segundo turno, de 3 a 6 de la tarde, está a cargo del maestro Luis Chí.

1,500 fisioterapias

Canté González revisa sus libretas y señala:

Desde que se abrió este espacio de servicio, en octubre del 2014, se han brindado más de 1,500 fisioterapias y pagan 5 pesos o menos. A veces viene una familia entera y sólo pagan 5 pesos por todos, porque son personas de muy escasos recursos. Aquí venía también una familia integrada por la bisabuela, que había tenido un evento vascular cerebral (EVC); la abuela, que tenía problemas en la espalda, y la nieta por problemas de cadera, pues nació con displasia de cadera. Cuando ellas podían pagaban tres pesos, uno por cada una, pero muchas veces no daban nada.

Tres grupos de edad


¿En qué grupo de edad está la mayoría de las personas que vienen?
Hay tres grupos de edad. En el primero vienen las personas de 60 años en adelante, que son las que vienen más, y la mayoría es por el desgaste del cartílago de sus rodillas.

¿Son más hombres o más mujeres?
Mitad y mitad.

¿Y en el segundo?
Son los de 30 a 49 años, en esas personas los problemas más comunes son los de la espalda. Lo que sucede es que en este grupo están las amas de casa, que trabajan mucho, y también están las que trabajan en casas ajenas, lo que es un trabajo pesado.

Algunas de esas mujeres hasta recogen leña porque no tienen estufa. Si acaso algunas cuentan con Seguro Popular, pero no cubre la fisioterapia o rehabilitación.

El tercer grupo es el de los bebés, de 2, 4 ó 6 meses, que vienen por estimulación temprana.

Poner en obras lo que se dice

Entrevistado en el lugar, Ricardo Arrigunaga Coello, coordinador de la Pastoral de la Universidad Marista y del Centro Marista de Acción Social “San José”, que viene siendo la Pastoral Solidaria, explicó el sentido que tiene el trabajo que allá se realiza: Es la intención de ir poniendo en obras lo que en palabras decimos: “Ser para servir”, que es el lema de la Universidad Marista de Mérida.

Cuenta asimismo que allá acuden 50 alumnos de fisioterapia para dar apoyo en los dos turnos, lo que les permite aprender y servir al mismo tiempo.

¿Cuántas personas atienden al día en el área de fisioterapia?
Vienen de 17 a 20 pacientes al día en los dos turnos, de lunes a viernes.

¿Qué otros servicios aparte de los del área de fisioterapia brinda el CMAS “San José”?, preguntamos a Ricardo.
Los sábados, de 10 a 12 horas, tenemos aquí asesoría jurídica, a cargo de 3 estudiantes de la Licenciatura en Derecho: Lupita, Jenny y Fernanda.

Además estamos implementando el área de asesoría médica con todo y medicamentos, que va a dar ese servicio por una cuota de 5 pesos, de $2 o de 1 peso, según lo que pueda la gente dar, y que estará lista completamente dentro de un mes. Lo de las cuotas de 5 pesos es para pagar los recibos de la luz y el agua, nada más.

Contamos asimismo con un área de psicología, con un área de nutrición y con un servicio de zumba (baile), además del servicio de gestión social, y tenemos un área de siembra de verduras, que ya está dando resultados. En todos los casos se cuenta con el apoyo de los estudiantes de las licenciaturas de la Escuela Marista.

Lo importante—recalca nuestro entrevistado—es que la gente del rumbo venga y que nos diga qué es lo que necesita. No se les promete resolver de inmediato, pero se le busca solución, porque hacemos la gestión social para poner opciones a disposición de la gente que busca soluciones de sus dificultades y problemas.

Era un albergue
Arrigunaga Coello comenta que ese local en el que están trabajando actualmente pertenece a la Pastoral Penitenciaria, porque inicialmente lo que hicieron fue un albergue, que funcionó del 2013 al 2014 para dar atención a ex internos que una vez liberados no tenían a dónde ir. Para esa tarea se aliaron al Patronato del Gobierno del Estado que ayuda a los que salen del Cereso.

Sin embargo, tuvieron que cerrarlo porque los inquilinos no estaban rehabilitados de sus adicciones y fueron dedicándose otra vez a ellas y, como consecuencia, volvieron a caer presos. Uno de ellos incluso les robó hasta el tanque de agua.

Eso les hizo pensar en ayudar a la población abierta de esa zona que necesitara algunos servicios con los que no cuenta, y fue cuando se creó esta casa de atención de la Pastoral Solidaria que es el Centro Marista de Acción Social “San José”, convertido hoy en un oasis de solidaridad en un medio donde campean la necesidad y la pobreza.


La nota la firma Roberto López Méndez.

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