UNIVERSIDAD MARISTA DE MÉRIDA A.C.

«Construyendo Puentes» y derribando miedos

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El 29 de enero falleció su madre. En medio de la tristeza, recordaba el pasado, sus días junto a ella; una ausencia a la que nadie puede acostumbrarse. Sin embargo, Ángel Loría tenía un pensamiento recurrente: el futuro de su hijo Roberto. «No podía dejar de pensar qué será de él cuando nosotros, sus padres, ya no estemos», recuerda. «Estoy seguro que sus hermanos lo apoyarán, como siempre lo han hecho, pero…».

De sus tres hijos, Roberto fue el último en irse de casa. «Él era nuestro despertador», bromea ahora, como quien extraña una vitalidad ausente, un silencio incómodo y extraordinario. Ángel está orgulloso de Roberto. Lo dice y se le nota. «Educar en la libertad tiene sus riesgos», acepta, «pero la asumo con responsabilidad, buscando la autonomía de mi hijo».

Y es que Roberto Loría de la Guerra tiene una discapacidad intelectual. Sin embargo, eso no lo ha detenido en la vida; al contrario: ha superado obstáculo tras obstáculo. El último, comenzar una vida independiente, lejos de los protectores brazos de su padre Ángel y de su madre.
 
Roberto es uno de los siete egresados de la primera generación del programa Construyendo Puentes, que comenzó a construir imposibles desde hace cuatro años y medio en la Universidad Marista de Mérida. Además, forma parte del grupo que dio el siguiente paso: la vida independiente.
  
La vida real
En unos departamentos cercanos a su universidad vive Roberto, junto con su tocayo Roberto Gutiérrez Navarrete. En otro, igual con valentía se enfrentan a la vida real Andrea Guzmán Dueñas, Janet Echeverría Zavala y María Luisa Vales Valdés La Vallina. 
La jornada de estos jóvenes comienza al alba, pues todos tiene trabajo. En el departamento de los chicos, Roberto Loría se levanta temprano, para prepararse un licuado. Posteriormente se prepara para ir a trabajar a Boston´s. Por su parte, Roberto Gutiérrez se dirige al despacho  Seijo Peón Arquitectos y Asociados. Ahí también labora Andrea, mientras que Janet acude a Muñoz Arquitectos. María Luisa trabaja en Gloria Jean’s Coffe.
 
Cada uno tiene sus propios horarios y obligaciones, tanto en el trabajo como en la casa. En una de las primeras reuniones de retroalimentación, los cuatro compartieron lo que más le gustaba de esta experiencia de vida, así como lo que habían ya aprendido. todos coincidieron en que el diario convivir los había hecho más pacientes y tolerantes.
 
Por ejemplo, Janet le tuvo que pedir a María Luisa que le bajara el sonido a su despertador, y todos, todos los días, necesitan negociar para dividirse las labores de su nuevo hogar, desde lavar los platos hasta trapear los pisos. Además de sus respectivos trabajos y las actividades comunes que implica compartir casa, los chicos igual tienen sesiones de seguimiento y acompañamiento en la Universidad Marista. 
 
Dedicado equipo
La maestra Cecilia Buenfil López es la coordinadora del programa Construyendo Puentes. Ella dirige a un dedicado equipo de más de treinta personas, entre maestras de tiempo completo y estudiantes.  Gran parte de la labor se traduce en los avances realizados por los alumnos con discapacidad intelectual, a los que acompañan y apoyan.
 
Con los cinco chicos y chicas que participan en la experiencia de vida independiente viven alumnos y alumnas de la Universidad Marista de Mérida, capacitados para guiarlos en esta nuevo reto; día y noche garantizan que este periodo de formación sea enriquecedor.
 
Además del equipo coordinado por la maestra Buenfil López, toda la Universidad Marista arropa este programa, que, literalmente, ha construido un sólido puente entre  los jóvenes con discapacidad y los directivos y profesores. 
 
Una de las principales evangelizadoras de la inclusión en esta institución el es la directora general académica, Diana Pacheco Pinzón; fue ella quien impulsó la implementación del programa. También, el rector Miguel Ángel Baquedano Pérez se ha entregado por completo al mismo, inspirado por la entrega y valentía de los chicos que lo conforman. 
 
Cuando Roberto y Ana Luisa firmaron sus contratos con Boston’s y Gloria Jean’s Coffe, respectivamente, el rector Baquedano Pérez los acompañó.  «Hoy, el gran esfuerzo de estos jóvenes y de sus padres se ve reflejado en esta firma…», resumió entonces. «Lo que hace cuatro años y medio era un sueño, hoy día es una realidad».
 
Diversión y compañerismo
Un día antes de que falleciera la abuelita de Roberto, el jueves 28, su tocayo y Andrea, Janet y María Luisa fueron unos excelentes anfitriones. A sus departamentos acudieron a cenar el rector Baquedano Pérez y la directora Pacheco Pinzón. Esa velada  quedó en manifiesto los estrechos lazos que se han formado en esta comunidad marista, donde un programa académico dio pie a una gran familia.
 
Y ese sentimiento se respira en la Universidad Marista. Por ejemplo, Ricardo Moreno Arjona, otro de los egresados de la primera generación de Construyendo Puentes, trabaja en la cafetería de la institución, donde convive todos los días con jóvenes y maestros.  Roberto Gutiérrez, además de su trabajo y de sus responsabilidades académicas, entrena con el equipo de fútbol; es una de las inspiraciones de los rayados. 
 
En los pasillos todos conocen a este entusiasta grupo, que siempre tiene una sonrisa. El mismo rector Baquedano Pérez lo ha dicho en varias ocasiones: «… ellos no vienen aquí a aprender; vienen a enseñarnos». Y quien ha visto la alegría que ilumina a  Jorge Duarte Méndez y a Míriam Abud Bujaidar le da toda la razón.
 
 
La Universidad Marista, basada en el principio con el que fue creada, de ser una «universidad para todos», ofrece este programa de inclusión educativa universitaria. En agosto de 2010, recibió en sus espacios de vida académica, recreativa, deportiva, espiritual, social y cultural a estudiantes con discapacidad intelectual para que continúen su formación integral en el ámbito educativo, conviviendo y compartiendo con las personas de su misma edad.
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