UNIVERSIDAD MARISTA DE MÉRIDA A.C.

La inolvidable experiencia de representar a México

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La semana pasada, medios de comunicación de todo México informaban, entre un tsunami de reportes negativos, una nota que inspiraba; un aguja de esperanza en un triste pajar. Se trataba de un éxito diplomático del país: la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó la iniciativa de México sobre el acoso escolar, entre pares, también conocido como «bullying».

Esto, explicó la Secretaría de Relaciones Exteriores, «representa la primera ocasión en que Naciones Unidas aborda de manera específica los efectos negativos que esta práctica tiene en el desarrollo de los menores así­ como en el ejercicio de sus derechos». Una de las artífices de este éxito es Elisa Díaz Gras, integrante de la misión mexicana ante las Naciones Unidas.

Eduardo Ancona Bolio, estudiante de tercer semestre de la Escuela de Derecho de la Universidad Marista de Mérida, fue testigo del trabajo de Elisa y de su equipo, como uno de los delegados juveniles que integró la delegación mexicana que participó en el 69o. período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.

Eduardo fue uno de los cuatro jóvenes mexicanos elegidos entre mil cuatrocientos para integrar esta delegación, que primero se capacitó en la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en el Distrito Federal, y posteriormente trabajó junto con los integrantes de la misión diplomática del país ante las Naciones Unidas.

En la ciudad de México, Eduardo y sus otros tres compañeros —Liliana Fajardo Cantero, de Jalisco; Miguel Alberto Mendívil Ruiz, de Sinaloa, y Ximena Pamela Ávalos Méndez, del Distrito Federal— participaron en diversos cursos y talleres, relacionados con la agenda del servicio exterior, impartidos por los expertos de la Cancillería.

Entre las conferencias a las que asistió durante esa semana destaca la que ofreció Helen Clark, ex primer ministra de Nueva Zelanda y actual administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. A esa charla asistió con los otros delegados juveniles y con el embajador Juan Sandoval Mendiolea, director general para la ONU, «gran promotor de la convocatoria» a la que respondió Eduardo.

Después, partieron rumbo a Nueva York. Ahí, durante dos semanas, se sumergieron en la intensísima agenda de misión diplomática ante la ONU; eran «jornadas de once, doce horas», recuerda ahora el alumno de la Escuela de Derecho de la Universidad Marista. «Fue una experiencia inolvidable».

Además de trabajar con Elisa, Eduardo tuvo la oportunidad de colaborar con Sara Luna Camacho —de la segunda comisión: Desarrollo Sustentable—, Bruno Ríos Sánchez —de la tercera: Temas Sociales, Delincuencia Organizada y Democracia— y con Sofía Cardona Huerta —de la dirección de Política Internacional de Derechos Civiles, Políticos y Democracia.

Además, conoció y compartió gratos, enriquecedores momentos con el embajador Jorge Mario Montaño y Martínez, el representante permanente de México ante la ONU. «Una eminencia», considera Eduardo.

El diplomático Montaño y Martínez ha sido profesor de la UAM y del ITAM, ha publicado diversos libros sobre diplomacia, es articulista del periódico «El Universal», ha escrito artículos en las revistas «Nexos» y «Foreign Affairs» y es vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales. Además, ha sido embajador de México ante Estados Unidos. Es representante del país ante la ONU por segunda ocasión.

Al hablar sobre su experiencia como delegado juvenil, el alumno de la Universidad Marista recuerda antes que, desde primero de preparatoria, cuando estudiaba en el Rogers, quiere trabajar en el servicio exterior. «Y ahora que viste cómo es en realidad ¿Aún quieres?», le preguntaron a su regreso. «Más que nunca», responde.

Eduardo asegura que la dinámica de trabajo en el cuerpo diplomático es muy intensa, y que el equipo que representa a México ante otros países y organismos internacionales es muy profesional y está muy comprometida. «Realmente se ve que se trabaja en una meritocracia», considera, al enumerar las grandes habilidades de los profesionales que lo acompañaron durante esta experiencia.

El universitario observó y constató la influencia de México en el exterior, y del comprometido trabajo que realiza la misión ante la ONU; la iniciativa contra el «bullying» es una muestra de la intensa labor que ahí se realiza. Además, quedó gratamente impresionado con la apertura que se vive tanto en la representación mexicana como en la ONU. «Puedes expresar con total libertad tus opiniones, y son tomadas en cuenta», asegura.

En esa torre de Babel, donde saber inglés es un salvavidas, Eduardo no sólo convivió con diplomáticos mexicanos, sino que tuvo la oportunidad de compartir opiniones como representantes de diversas naciones. En cercanas pláticas, se percato —confiesa ahora— «lo cercano y parecidos que somos con los habitantes de países que nos parecen lejanos», exóticos, como «Kazajstán, Burundi, Sri Lanka…».

«¿Qué sigue ahora, Eduardo?», igual se le preguntó a su regreso. «Mi deseo de pertenecer al servicio exterior de México sigue firme, y tengo que seguir preparándome para ello. Me falta estudiar uno o dos idiomas más». Como informamos en su oportunidad, el alumno de a Universidad Marista tuvo la oportunidad de ser delegado juvenil tras ser seleccionado por la Cancillería mexicana. El proceso de selección comenzó el 10 de septiembre, cuando eEduardo respondió la convocatoria y envió el ensayo titulado «La importancia de los medios y estructuras en la agenda de desarrollo global post 2015». Se eligieron sólo cuatro de entre mil cuatrocientos.

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