Se graduó como contadora con un promedio que rozó los noventa puntos. Trabajó tres años y se inscribió a la maestría en Dirección Financiera que se imparte en la Universidad Marista de Mérida.
Ahora acaba de terminar. Y alcanzó los 97.19 puntos, convirtiéndose en la alumna con más alto promedio de su generación.
Se llama Cristina Violeta Parra Herrera, y atribuye ese mejor desempeño en sus notas a la experiencia y a la madurez. «Yo elegí estudiar esta maestría para ampliar mis conocimientos», señala. «La parte financiera siempre me llamó la atención».
Actualmente, Cristina Violeta labora en la agencia de administración fiscal de Yucatán; antes lo hizo en el Ayuntamiento de Mérida, en el departamento que se encargaba de los presupuestos. Ahí fue donde le comenzaron a gustar las finanzas.
La recién graduada maestra estudió la preparatoria en el Centro Universitario Montejo (CUM), y esa experiencia fue uno de los factores determinantes del lugar donde eligió estudiar su posgrado. «La importancia que se le dan a los principios y a los valores», asegura, «así como a la calidad del profesorado» eran garantía en la Universidad Marista de Mérida.
Además de encontrar estas características, Cristina Violeta tuvo la fortuna de compartir dos años de su vida con un grupo interdisciplinar, que se apoyó en todo momento. Sus compañeros en la maestría en Dirección Financiera trabajaba, obviamente, en financieras, pero también en constructoras, bancos, despachos contables y «muchos con negocios propio».
«Esta pluralidad», apunta, «nos enriqueció a todos. Éramos un grupo de contadores, actuarios e incluso ingenieros, que intercambiábamos experiencias y nos enriquecíamos. Por ejemplo, había quien trabajaba con dólares; otros que tenían experiencia en otras áreas».
Los nuevos maestros en Dirección Financiera formaron un grupo unido, sólido, una isla que también servía para paliar los golpes de una semana dura. Así lo recuerda Cristina Violeta, quien asegura que extrañará esos viernes y sábados de clases, «las desveladas y los exámenes».
La recién egresada supo compaginar su vida laboral y familiar con sus obligaciones de estudiantes. Asegura que no le fue difícil adquirir de nuevo la dinámica del estudio. «Le dedicaba el tiempo necesario a cada unas de mis actividades: al trabajo, al estudio y, por supuesto, a la familia».
El último esfuerzo
Sin embargo, aún no termina. Tiene que elaborar un proyecto para obtener el título. Cristina Violeta ya pensó sobre qué escribirá: será el plan de negocios de una heladería artesanal que están promoviendo su hermana y su cuñado.





