Gerardo Millet Menéndez cree que Yucatán tiene un amplio potencial para convertirse en uno de los destinos turísticos de segunda residencia para jubilados y retirados más importantes de Latinoamérica.
¿Lo cree? No. Está seguro. Ese el tema de su tesis, que concluyó en mayo, y que contó con la asesoría del director de su carrera, Antonio Salgado Borge.
Gerardo acaba de concluir su formación profesional en la Universidad Marista de Mérida. Al presentar su tesis, se convertirá oficialmente en licenciado en Administración. Obtuvo el mejor promedio de su generación, con 98.35.
Es hijo de Gerardo Millet Palomeque y María Lorena Menéndez Losa. Tiene una hermana, María Lorena, egresada también de la Marista, de Mercadotecnia, e igual mejor promedio de su generación.
Gerardo comenzó a investigar su tesis a finales de enero. Entre las conclusiones a las que llegó durante la recopilación de datos destaca que Yucatán cuenta con los principales incentivos para convertirse en uno de los destinos latinoamericanos más populares en turismo de retiro.
«Hoy día, el turismo tradicional deja una derrama de 22 millones de dólares al año», informa el nuevo profesional. Considera y basa con estudios que esa cifra podría ascender en 2015 a 75 millones de dólares con el turismo de segunda residencia».
Eso sí. Se necesita un marco fiscal adecuado. Gerardo compara a México con países como Panamá y Costa Rica, donde las pensiones de los jubilados o retirados de Estados Unidos o Canadá están exentas del pago del ISR. Aquí no.
El reciente cambio constitucional para que los extranjeros puedan ser propietarios de terrenos y casas en la costa y frontera no ayudará ni empeorará la actual situación. Gerardo considera que las alternativas legales que se realizaban suplían la prohibición.
Tampoco cree que los complejos residenciales para jubilados sean la mejor opción, ya que estos llegan para «vivir una segunda vida» y «buscan insertarse» en la comunidad que eligen.
El mejor promedio de la licenciatura en Administración trabajó durante toda su carrera, desde el primer semestre. Primero, en la hacienda Misné, después, en Misán, y, desde hace dos años, en su propia constructora, Baspul.
¿No te fue difícil? ¿Trabajar y tener ese promedio?, le preguntamos. «Cuando te gusta lo que haces, no es un sacrificio», responde, y dice que son necesarios orden y disciplina.
Gerardo representó a la Universidad Marista en los maratones de conocimiento organizados por la ANFECA, tanto regionales como nacionales. En octubre, en Veracruz, participará en el maratón nacional en Finanzas.
Tampoco se da un respiro. En agosto, comenzará a estudiar la maestría en Dirección Financiera, que igual se imparte en la Marista. Este posgrado, considera, lo ayudará a mantener el ritmo de estudios, ya que quiere continuar preparándose en el extranjero.
Espíritu marista
Gerardo estudia con los maristas desde primaria. Un largo recorrido que comenzó en el Colegio Montejo, pasa por el Centro Universitario Montejo, CUM, y continúa en la Universidad Marista de Mérida. Considera que el sello marista son los principios y los valores.
«Para el egresado marista», considera, «el fin no justifica los medios». «El egresado marista no persigue sólo fines económicos... Ve más allá».
Esto se logra gracias al «trato cercano, sencillo y directo de los hermanos y de los maestros de las escuelas».
¿Qué le aconsejarías a los estudiantes de Administración, actuales y futuros, para aprovechar al cien por ciento la experiencia de estudiar en esta Universidad?, le preguntamos. «Primero: trazarse un objetivo. Si tienes clara la meta, el camino es sencillo». Gerardo tiene grabada una frase de Benjamín Disraeli al respecto, y nos la comparte: «El secreto del éxito es la constancia en el propósito».
El mejor promedio de Administración es cinta negra en karate, y le gusta mucho la lectura. Uno de los últimos libros que pasó por sus manos es «Acabemos ya con la crisis», de Paul Krugman, premio Nobel en Economía y articulista de The New York Times.





