El pasado sábado 26 de marzo, fueron bendecidas las instalaciones de la primera etapa del Centro Marista de Desarrollo de la Colonia Emiliano Zapata Sur.
Evento muy importante para la toda la Comunidad Educativa Marista que contó con la presencia de un numeroso grupo de personas, habitantes del rumbo, que participan en las actividades del Centro Marista de Desarrollo, así como de los niños y niñas que asisten cada sábado, las alumnas y alumnos catequistas del centro, el rector de nuestra Universidad Miguel Baquedano Pérez, los maestros Antonio Buenfil Guillermo, Ricardo Arrigunaga Coello, Juan Pablo Moo Estrella, Rodrigo Cueva G Cantón, el personal administrativo y entrenadores del CEMADE, y los Hermanos Maristas con sede en Mérida.
La bendición estuvo a cargo de Mons. Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, Arzobispo de Yucatán,
El Hno Héctor Dessavre Dávila, FMS, a nombre de los Hermanos Maristas, dirigió el siguiente mensaje:
Apreciado hermano, pastor y primer servidor de nuestra diócesis, Emilio Carlos Berlié, hermanos, hermanas que comparten el caminar de esta comunidad marista en este lugar privilegiado del Evangelio.
El gozo nos invade en la Mérida Marista, por este pequeño paso que hoy estamos dando, luego de más de 100 años de presencia que iniciaron allá donde tenemos que volver, entre las comunidades más pobres de nuestro estado. Un paso en la creación de programas y estructuras que atiendan al más pobre, al más necesitado de entre nosotros.
Este edificio, se ha construido con la participación y entrega de mucha gente, no sólo con aportaciones económicas, sino también con aportaciones de tiempo, de presencia, de trabajo y entrega, de compromiso Evangélico.
Este edificio es un pequeño paso dado en la comunidad marista de Mérida, con el cual se pretende dar respuesta desde el carisma educativo que San Marcelino Champagnat viviera e impulsara como don del Espíritu desde hace ya casi 200 años, a las necesidades de aquel Lázaro que aún está sentado a las afueras de nuestra casa, hoy y aquí, en el sur de nuestra capital yucateca.
Construir un edificio, bendecir un edificio con esta idea, es ciertamente un importante paso. Pero, esta construcción, esta bendición de hoy, se quedaría muy corta, si los pasos hacia el mismo objetivo evangélico de la preferencia por el más pobre, no los damos en nuestro corazón. Si sólo nos quedamos esperando con paredes y pisos puestos y no salimos a ofrecer el espacio, y no venimos, todos y todas los maristas de Mérida a ofrecer nuestra ayuda, a saludar a la gente, a acompañar sus propios procesos.
Tenemos que hacer un esfuerzo “para que todo lo que nos ha querido impulsar el Concilio Vaticano II y particularmente el último Capítulo General Marista, no sólo lo tengamos en las páginas y lo estudiemos teóricamente, sino que lo vivamos y lo traduzcamos en esta difícil y a veces conflictiva realidad de predicar como se debe el Evangelio para nuestro pueblo más pobre, discriminado y marginado. Por eso, pido al Señor, a nombre de los hermanos maristas y de toda la comunidad que expresa su cariño y aprecio por lo marista, mientras vamos escuchando y recogiendo el clamor del pueblo y el dolor de tanta gente, que nos dé las palabras oportunas, la creatividad necesaria para consolar, para denunciar, para llamar al arrepentimiento, para animar el desarrollo y crecimiento humano y cristiano, y aunque siga siendo una voz que clama en el desierto, sé que la Iglesia, la congregación marista, están haciendo el esfuerzo por cumplir con su misión.[1]
Su presencia aquí, hoy amable hermano y primer pastor de nuestra comunidad diocesana, Emilio Carlos Berlié, nos alienta y nos habla también de su propio y personal peregrinar hacia estos caminos evangélicos, los caminos de los pies llenos de tierra y de su gente, sí, la gente de nuestro Señor Jesús. ¡Gracias por esta presencia que anima!
Desde aquí, desde el Centro Marista de Desarrollo en la Colonia Zapata Sur, muchos hombres y mujeres, cristianos comprometidos en diversas tareas educativas, alzan su voz, llena de Dios, para construir el Reino al estilo de Jesús, amando a todos, desde los más pobres.
Nuestros alumnos, alumnas, personal docente y administrativo y padres de familia del Colegio Montejo, del CUM, de la Universidad Marista y del Colegio Joaquín Peón, podrán voltear hacia acá con más tiempo, con más fuerza, para, desde estos proyectos, levantar su mirada y apretar el paso, hacia mayores acciones
evangélicas, llenas de la solidaridad de Jesús nuestro Salvador, con el más apartado y a veces mal visto y calificado de nuestra sociedad.
San Marcelino Champagnat fue un hombre que rompió esquemas de su tiempo, otros sacerdotes le criticaban por ponerse de albañil a trabajar junto con sus hermanos en la construcción de la casa, por acercarse a la gente, pero así nos fundó, así fundó a los hermanos maristas.
Este es nuestro legado y tarea. Aquí, en el CEMADE la experiencia de Champagnat, al acercarse a un joven pobre que no conocía nada de Dios y que estaba muriendo, dolerse de ello y ponerse a trabajar, tiene la enorme oportunidad de repetirse, no sólo desde los hermanos, sino también hoy, desde la riqueza del compromiso laical marista.
El Centro Marista de Desarrollo está siendo y deberá ser un lugar donde, por el trabajo realizado en el crecimiento humano integral, los hombres y las mujeres que a él acudan, descubran la grandeza del amor que Dios les tiene, crezcan también en su compromiso cristiano y en su fe.
María, nuestra Buena Madre, modelo de sencillez, de servicio y de disponibilidad total a la voluntad de Dios, guíe, oriente y anime este caminar marista en Mérida.
Muchas gracias!
[1] Parafraseo del discurso pronunciado por Mons. Oscar Romero el día 23 de marzo de 1980, un día antes de su asesinato.