Cada 20 de mayo, la comunidad Marista recuerda con gratitud y alegría el nacimiento de San Marcelino Champagnat, fundador del Instituto de los Hermanos Maristas y figura clave en la educación cristiana de niños y jóvenes, especialmente en contextos desfavorecidos.
San Marcelino nació el 20 de mayo de 1789, en un entorno rural y humilde, en la aldea de Rosey —hoy parte de la comuna de Marlhes—, ubicada en el sureste del departamento de Loira, Francia. Su nacimiento coincidió con un momento histórico crucial: el inicio de la Revolución Francesa. En aquella época, Marlhes contaba con cerca de 2,700 habitantes, en su mayoría agricultores, y enfrentaba condiciones difíciles como la infertilidad del suelo, un clima severo y una alta tasa de mortalidad infantil y juvenil.
Hijo de Jean-Baptiste Champagnat, pequeño comerciante y labrador, y de Marie-Thérèse Chirat, ama de casa y madre de diez hijos, Marcelino creció en una familia numerosa marcada por el esfuerzo, la fe y el trabajo. Estas raíces profundamente rurales y su propia experiencia de la falta de acceso a una educación de calidad marcaron su vocación.
Décadas después, al fundar el Instituto Marista, recordaría con claridad los desafíos de su infancia. En una carta al rey Louis-Philippe de Francia escribió:
“Nacido en el cantón de St. Genêt Malifaux, departamento de la Loire, sólo con infinitas dificultades pude llegar a leer por falta de maestros capacitados: desde aquel momento sentí la urgente necesidad de una institución que pudiera, con menos gastos, hacer en las zonas rurales lo que los Hermanos de las Escuelas Cristianas hacen en las ciudades” (Cartas, n. 34).
Ese deseo se convirtió en misión: fundar una comunidad de hermanos dedicados a la educación cristiana, especialmente en zonas rurales donde más se necesitaba. Así nació el carisma marista, que hoy se vive y se expande en más de 80 países, incluido México, a través de instituciones como la Universidad Marista.
Hoy, al celebrar su nacimiento, renovamos nuestro compromiso con su legado: una educación evangelizadora, cercana, sensible a las necesidades del entorno y siempre centrada en el amor a Jesús, María y los jóvenes.
¡Feliz cumpleaños, San Marcelino Champagnat! Que tu ejemplo siga inspirándonos a transformar el mundo a través de la educación.




