UNIVERSIDAD MARISTA DE MÉRIDA A.C.

Presentan libro con la obra del director de la Escuela de Arquitectura y Diseño

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En el jardín que está a la izquierda de la entrada de la Universidad Marista de Mérida hay un chackaj’. Fue sembrado hace tres años, y crece poco a poco, batallando contra el fuerte sol. Cerca de este árbol, que se avizora será frondoso, protector, hay una escultura forjada en hierro: tres columnas que se entrelaza, sugiriendo muchos significados. Más adelante, hacia el corazón del campus, se encuentra el jardín central de la ceiba.

Ahí, más de ciento veinte personas se dieron cita el lunes 9, a las siete de la noche, para asistir a la presentación del libro «Javier Muñoz Arquitectos», editado por Arquine y que plasma la obra del director de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Universidad Marista de Mérida y su despacho.

Acompañaron en la presentación al director Javier Muñoz Menéndez el rector de la Universidad Marista de Mérida, Miguel Baquedano Pérez; el director de la Escuela de Ingeniería, Alejandro Esquivel Mimenza, y los arquitectos Jorge Bolio Rojas, «alumno y socio y amigo», Jorge Carlos Zoreda Novelo y Miquel Adriá, editor también de Arquine. Cada uno, desde su óptica, habló sobre el autor y su obra, desde el profesionalismo y la amistad.

Adriá, quien ha publicado más de treinta libros sobre arquitectos y arquitectura iberoamericana, dio el preámbulo. Explicó cómo se fue forjando el proyecto que esa noche se presentó. Otros edificios incluidos en la edición de «Javier Muñoz. Arquitectos» son el mercado municipal de San Benito, la Procuraduría General de Justicia del Estado de Yucatán, el edificio corporativo de Cemex en Monterrey, el teatro Bicentenario de León y la sede del Senado de la República, en la Ciudad de México. Además, reseña varios complejos de departamentos en Cancún, Quintana Roo.

El libro «Javier Muñoz Arquitectos» tiene textos, en español e inglés, de Alejandro Esquivel —«Acerca de la obra del Bonch»—, Carlos Jiménez —«Un relato de Yucatán»—, Augusto Quijano —«Arquitectura tal cual»—, Mauricio Rocha —«La doble disciplina»— y Jorge Carlos Zoreda —«¡No me da miedo, me interesa!». Consta de 320 páginas y tiene un precio de 550 pesos. Se puede comprar en línea en esta dirección: http://www.arquine.com/libros/javier-munoz-arquitectos/

En su intervención, el arquitecto Muñoz Menéndez recordó cómo cuando él era aún estudiante se le acercó a uno de sus maestros y le pidió trabajar con él. Años después, ya transformado en un profesional reconocido, uno de sus alumnos se le acercó, ahora a él, repitiendo la escena. Un círculo virtuoso. Ambos, el maestro y el alumno estaban presentes.

La editorial Arquine, la más importante en el país en temas de arquitectura y diseño, promueve esta reciente obra señalando que «el cálido clima de la península de Yucatán y su natal Mérida son el escenario de gran parte de la obra de Javier Muñoz. Su obra arquitectónica es prolífica y en ella se leen diversos y sutiles elementos del paisaje y el espacio en los que su oficio y personalidad se desarrollan.

«Con destreza, crea espacios que responden a las condiciones climáticas, interiores exteriorizados que dan la posibilidad de disfrutar del tiempo favorable de la península. El resultado es una arquitectura local, arraigada en los modos de vida, que usa materiales de la cultura contemporánea y que promueve la arquitectura de la experiencia por medio de las sensaciones». Este texto fue escrito por Mauricio Rocha, arquitecto capitalino, que conoce la obra del director Muñoz Menéndez, tanto en la de diseño y construcción de espacios como en la de formación de futuras generaciones de profesionales.

La distribuidora GGMéxico comenta, por su parte, que la obra «Javier Muñoz Arquitectos» reúne treinta ejemplos de la arquitectura de Muñoz, mostrando sus diferentes etapas, desde casas hasta edificios de uso público y privado.

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Sobre la Universidad Marista de Mérida
El capítulo en el que se describe el campus de la Universidad Marista de Mérida en el libro «Javier Muñoz Arquitectos» está a cargo de Mario Peniche López. Ahí, el director fundador de la Escuela de Arquitectura y Diseño de esta casa de estudios señala:

Hacer una universidad es un desafío enorme. Es una comunidad educativa que nace y es difícil prever su crecimiento y desarrollo. El proyecto comenzó con apenas cuatro carreras y con la gran ilusión de expandirse. Esto representa un encargo arquitectónico con implicaciones mayores: era necesario proyectar de modo flexible para proporcionar las soluciones conforme la institución fuera creciendo; el terreno se ubica al norte de la ciudad de Mérida. Cuenta con 13.5 hectáreas y un acceso muy reducido como frente. Partimos de un módulo que permite resolver estructuralmente varios tamaños de aulas y propusimos edificios independientes con necesidades diferentes que pudieran relacionarse entre sí. Así, tenemos un cuerpo de aulas que llamamos «típicas». Son espacios para salones de clases que no requieren mobiliario especializado y pueden crecer de manera ordenada y sutil. También hay cuerpos independientes que se insertan en el conjunto y resuelven necesidades particulares de cada carrera. Llamamos esos espacios aulas «atípicas». A las aulas se incorporan espacios complementarios, como auditorio, biblioteca, salones de usos múltiples, oficinas administrativas, rectoría, direcciones, servicios, etc. Pretendíamos que estos espacios fueran accesibles para todos los usuarios. El área deportiva se ubica en el lado Oriente para aprovechar los vientos del Noreste y Sureste, para ventilaciones adecuadas. Todos los cuerpos de aulas «típicas» se orientan de Norte a Sur para captar los vientos frescos y luz uniforme hacia el interior de las aulas. La circulaciones que se desarrollan en el lado Sur permiten reducir el asoleamiento hacia las aulas. La expresión formal del conjunto es importante. Buscamos un lenguaje que expresara el carisma y la sencillez marista. Elegimos el concreto como material único, porque refleja austeridad y tiene una presencia fuerte, además de brindar espacios de seguridad, sobriedad y gran expresividad. Se utilizaron elementos prefabricados de concreto con el objetivo de desarrollar un lenguaje similar en todos los edificios.

Pensamos que los edificios deberían cobijar la divulgación del conocimiento, el estudio y la investigación, y a la vez educar. Dejamos los elementos constructivos en su estado original: lo que vemos es lo que es. Las cartelas fuertes, esbeltas y majestuosas son hechas de una sola pieza, sin recubrimientos. Sus cubiertas prefabricadas quedan a la vista. Su presencia determina la forma, alberga la función y estructura el edificio. Percibimos forma, función y estructura en una sola lectura. Otro desafío importante fue diseñar espacios de encuentro: pasillos, terrazas, escalinatas y jardines en los que surgen las amistades y en ocasiones los aprendizajes más importantes. Esos espacios abiertos deben permitir desarrollar actividades complementarias a la formación de los alumnos. La universidad es sus espacios cubiertos pero también sus espacios abiertos. Ambos conviven de manera integral y se subordinan unos a otros. El proyecto contempla áreas de servicios, estacionamientos y vegetación, que ofrecen interesantes lugares sombreados para platicar y descansar. La universidad es un espacio de reflexión, encuentro, aprendizaje y enseñanza. Es para encontrar amigos para siempre. 

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