Para Gerardo José Canto Achach, el programa de ingeniería Civil que se imparte en la Universidad Marista de Mérida «tiene una vocación muy especial: servir a los demás». Sí, según el mejor promedio de esta generación, el ingeniero civil marista «ve por la gente que lo rodea».
Gerardo José Canto Achach —quien obtuvo un promedio de 95.92— es hijo de José Renán y Silvia Guadalupe. Tiene dos hermanos: uno mayor, Renán, y otro menor, Daniel. El primero ya se graduó, y el segundo, aún está estudiando.
Padre e hijos comparten igual profesión: son ingenieros civiles. Renán y Gerardo ya se graduaron; Daniel aún no. Los tres son orgullosos alumnos maristas.
Gerardo tiene una carpintería y una empresa de mensajería, aunque en sus planes igual se encuentra la construcción. Seguirá trabajando y estudiando, ya que en agosto ingresa a la maestría de en Administración de Empresas Constructoras, aquí, en su alma máter. «El estudio es la mejor inversión», considera.
Gerardo tiene el sello marista: ha estudiado toda su vida en colegios en los que se respiran las enseñanzas de san Marcelino Champagnat. Ahí aprendió a «servir a los demás, el amor a María», asegura. Y esta misma filosofía la encontró al cursar su carrera, como ya se mencionó al principio.
En la recién graduada generación de esta carrera «nos llevamos como hermanos; son como mis hermanos… Nos apoyamos en todo, y estoy seguro que así seguirá». la ceremonia de graduación de Gerardo y sus compañeros fue el martes en la noche.
Ahí, el rector Miguel Ángel Baquedano Pérez les instó a que «… construyan con cimientos que permitan sortear cualquier tormenta que provoque injusticias y desigualdades; edifiquen espacios que armonicen con la naturaleza y sean centros de convivencia familiar. El acero y el concreto son sus aliados; la verdad y la justicia, su consciencia».
«Ser para servir»
Mantener el promedio no fue difícil para Gerardo. «Siempre he sido machaque», confiesa. «Nunca me he conformado sólo con pasar una materia».
Los retos a los que se enfrentan los nuevos graduados maristas son muchos y complejos: «Nos tenemos que desempeñar con los requerimientos que la sociedad demanda; enfrentarnos a una competencia muy fuerte», enfatiza Gerardo.
Y hacerlo todo teniendo siempre en cuenta el lema de esta casa de estudios: «Ser para servir».





