UNIVERSIDAD MARISTA DE MÉRIDA A.C.

Ser para Servir. Siempre

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De improviso. Así fue la noticia. Una joven llena de entusiasmo, que contagiaba alegría, perdió la vida.

María Jimena López Losa de Canto falleció el domingo 8, dos días de que la comunidad marista conmemorara a su fundador, san Marcelino Champagnat.

Fue una batalla corta, pero intensa, en la que familiares y amigos siempre la acompañaron.

Ella antecedió al padre Jorge Antonio Laviada Molina. Ese mismo domingo, en la tarde, en una misa en su memoria, el sacerdote habló sobre la perfección de los tiempos de Dios.

Nadie se imaginó que menos de veinticuatro horas después, el padre Laviada acompañaría a Jimena. «Aunque a nosotros nunca nos parece que es el momento, Dios nunca llega tarde a buscar a los que ama». Así lo dijo. Y así sucedió.
Este miércoles 11, en la mañana, el Consejo Académico de la Universidad Marista de Mérida recordó a su exalumna, quien, aún después de partir, hace del lema Ser para Servir una amorosa constante.

Entre los innumerables comentarios que se han escuchado a partir de esta triste ausencia destaca el de Teresa Fernández, presidenta de Fundación Camila: «Que Dios bendiga a tus padres por haber respetado tu decisión de donar tus órganos… Ellos pedían un milagro, y el milagro se dio para las personas que gracias a ti hoy viven y estarán siempre agradecidos. Tu familia y tú estarán siempre en sus oraciones». Ser para Servir. Siempre.

Con esa misma mezlca de sentimientos, los compañeros de la generación 2006 de la Escuela de Administración de la Universidad Marista igual recuerdan a Jimena.
Gaby Echeverría asegura que su amiga y compañera fue «un verdadero ejemplo de Ser para Servir; encontraba mucha felicidad ayudando y entregándose a todas las personas que la rodeaban. Fue una compañera y alumna destacada, que siempre procuro la unión del salón».

«Siempre fue la amiga que escuchaba, que te quería; la de los consejos más maduros y sensatos», recuerda, por su parte, Shirley Echeverría. «La que siempre tenía tiempo para todos, aunque le faltaran horas a sus días. La que desconocía la palabra ‹no›. Un honor y un orgullo haber sido su amiga».

Mary Yoly Silveira Valencia, a su vez, recuerda «a Jimena con un corazón de Ser para Servir; cuando sonreía, automáticamente tú sonreías. Tenía ángel y era servicial; unía al salón y a los grupos diferentes en él».

«Jimena en realidad fue una de las personas que siempre defendía lo justo y lo correcto», asegura Alelí Romero. «Era de las pocas que siempre tenía todas las tareas y trabajos en orden, por más difíciles que fueran… Muy pocas personas al dejar de estar con nosotros pueden dejar tan buenos y positivos recuerdos en tantas personas, y ella es una de esas, y no por suerte si no porque siempre fue un ejemplo de Ser para Servir».
Nataly Rocha y Ale Pinzón recuerdan con especial cariño la sonrisa de su compañera de generación. «Era pureza, era inocencia, era compasión…», enumera la primera. «De un corazón noble y con amor para dar a todos», añade la segunda.

«Cuando recuerdo a Jimena viene a mi mente una gran persona, llena de vida y alegría; alguien que te ayudaba si estaba en sus manos», comparte Bárbara Negroe.

Y Juan José Ortiz Abraham señala que siempre estaba dispuesta a hacer las cosas bien, «con una sonrisa en la boca».
Como sus compañeros, todo el personal de la Universidad Marista de Mérida se une a la pena de los papás de Jimena José Fernando López Machorro y Nidia María Losa Martínez y de su esposo Lebni Armando Canto Cortés. 

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