La Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte envió ayer un boletín a todos los medios nacionales, con una entrevista a nuestro compañero Iván Ramírez, quien ayer martes 6, junto con sus compañeros, ganó oro en equipos en la Universiada Nacional. Iván tenía el hombro luxado.
El deseo de superación y el talento le abrieron a Iván Ramírez una oportunidad en la Universidad Marista de combinar el estudio y el deporte que lo trajo hasta la Universiada Nacional, justa en la que, por segunda ocasión, se convirtió en campeón del país.
Iván es un joven originario de Yucatán que nunca ha dejado de soñar, de apostarle a lo que siente y de aprovechar las oportunidades que el destino pone en su vida. Es precisamente esa filosofía la que le han permitido ser exitoso en las aulas y en la práctica de los derribes y llaves, que lo han llevado a ser ejemplo entre sus compañeros y rivales en el tatami.
Todo comenzó hace cuatro años y medio, cuando parecía que su vida cambiaría de rumbo y tendría que abandonar a su familia y amigos para explorar nuevos horizontes, un programa por el que apostó la Universidad Marista, encaminado a apoyar a jóvenes deportistas de escasos recursos y situación de pobreza, le abrió las puertas para continuar con su preparación académica.
El joven de 24 años fue beneficiado con una beca deportiva para que pudiera combinar la práctica del judo y cursar la licenciatura en Diseño de Interiores.
“El judo me abrió puertas para estudiar una licenciatura. En ese entonces no había becas deportivas, yo pensé en migrar de Yucatán e irme para Sonora buscando una oportunidad para poder estudiar porque no tenía dinero, pensé en irme a estudiar al CESUES, pero me llamaron de la Universidad Marista y me dijeron que me apoyarían con la beca y ahí fue que comenzó mi historia”.
El programa, que en un principio dio sostén a sólo dos deportistas, ahora cuenta con seis becados, cinco hombres y una mujer.
“Solo era un compañero en la categoría de 90 kilogramos y yo, me dieron la beca al 100 por ciento, ellos le apostaron al deporte y a mí, estoy muy agradecido con ellos y con el rector, Miguel Baquedano, porque desde que me conoció ha estado al pendiente de mí”, dijo el estudiante, quien en diciembre se graduará de la carrera y comenzará a enfocarse a lo que será su nueva meta: cursar la Maestría en Administración de Empresas Constructivas.
Iván, quien al terminar su etapa como deportista de Olimpiada Nacional, no contaba con los suficientes medios para costear sus estudios y la panadería “Juanito”, propiedad de sus padres Juan Ramírez y María Elena Medel, ubicada en una de las zonas con mayor marginación del sur de Mérida, sólo daba para los gastos básicos, encontró en el programa de la UMM la oportunidad “dorada” para continuar con su preparación y así poder ayudar a sus padres.
“El proyecto se enfocó a los deportistas de alto rendimiento en el estado con altas proyecciones, las autoridades fueron al IDEY para saber cuáles eran los deportistas con problemas económicos, me escogieron y fue así como ahora estoy aquí.
“Ese tipo de iniciativas le pueden cambiar la vida a muchos jóvenes, como lo hicieron con la mia, el que le apuesten a las personas que menos tienen, ya que mi papá tiene una panadería y no nos alcanzaba más que para lo básico, gracias a eso seré el primer miembro de mi familia que terminará una licenciatura”.
Ramírez Medel, manifestó que con esta oportunidad busca contribuir para que la calidad de vida de sus padres sea mejor.
“Mi papá siempre me dijo que tenía que ser el mejor, tengo un compromiso moral con él y con las personas que me han apoyado, mis padres siempre han dado todo para que nada me falte, mi carrera es muy costosa y ellos también en lo que pueden me ayudan, hoy en día es una presión en las familias el tema de educación para sus hijos. Ellos hicieron de todo para formarme así que espero me alcance la vida para devolverle a mis padres lo que han hecho por mí”.
Iván agradeció a sus padres los consejos brindados y que lo hayan puesto en el camino del judo, ya que antes de practicar este deporte a la edad de 11 años, ocupaba su tiempo en mirar televisión y comer excesivamente, lo que le originó un serio problema de sobrepeso.
“Mi papá me dijo que hiciera deporte, pero yo no quería hacer nada y me enojé con él, hoy en día le doy muchas gracias a esa visión y consejo que me dio mi papá es que soy un ser humano integral, uno de los más destacados deportistas de mi estado y campeón de mi universidad”.
Por último, Iván, quien meses atrás sufrió una luxación que puso en duda su participación en Puebla, respondió de nuevo a la confianza que le brindó la UMM con otra medalla de oro, la segunda que obtiene en cuatro participaciones.
“Este año fue el más difícil, debido a que como estoy terminando la carrera, el tiempo de entrenamiento no es mucho, tuve que bajar de peso para venir a competir y dos semanas antes me luxe el hombro pero no me importó, mi compromiso con la Universidad y conmigo mismo es muy grande, mi familia vino a verme, así que no me lo podía perder”, concluyó el judoca, quien con su contribución al metal áureo en la competencia por equipos permitió que la Universidad Marista se convirtiera en la primera universidad de la zona sur en conseguir un campeonato nacional universitario.





