En un ambiente de profunda gratitud, espíritu de familia y alegría compartida, la Universidad Marista de Mérida conmemoró hoy el 30 aniversario de su fundación con una jornada llena de significado que reunió a estudiantes, egresados, colaboradores, directivos, fundadores, ex directivos y miembros de la comunidad marista para agradecer tres décadas de historia, misión educativa y servicio a la sociedad.
La celebración inició con una solemne Misa de Acción de Gracias, concelebrada por el Arzobispo de Yucatán, Monseñor Gustavo Rodríguez Vega, acompañado por el Pbro. Jorge Carlos Menéndez Moguel, Pbro. Luis Gerardo Martínez Ortiz, Pbro. Eduardo José Quintal Pinelo, Pbro. Tomás Esteban Anaya Morales, Pbro. Rigoberto Alfonso Cruz Araujo, Pbro. Javier Arturo León Pino y el Diácono Omar Efraín Buenfil Guillermo.
Durante la ceremonia eucarística, uno de los momentos más emotivos fue la presentación de las ofrendas, en la que participaron estudiantes, docentes, colaboradores y egresados, representando a las generaciones que han dado vida a la Universidad a lo largo de estos 30 años.
Entre las ofrendas destacó una réplica de la primera piedra del campus, símbolo de los cimientos sobre los cuales se ha construido la historia de la institución; una banda de graduación que representó a miles de estudiantes y egresados que han encontrado en la Universidad un espacio para desarrollar su vocación; un plan de estudios, reflejo del compromiso permanente con la formación integral; una fotografía de la primera generación, memoria viva de quienes iniciaron esta aventura educativa en 1996; y finalmente el pan y el vino, ofrecidos junto con la historia, el presente y los sueños de la comunidad universitaria.
Cada una de estas ofrendas evocó la esencia de la misión marista: formar académica, humana y cristianamente a los jóvenes universitarios con el carisma educativo Marista de: sencillez, ambiente de familia, presencia prolongada con los alumnos, amor al trabajo perseverante sustentado en la confianza en María.
Un homenaje a quienes hicieron posible el sueño universitario
Al concluir la celebración litúrgica, la comunidad universitaria se reunió para rendir homenaje a las mujeres y hombres que, hace exactamente 30 años, hicieron posible el nacimiento de la Universidad Marista de Mérida.
Tras la proyección de un video conmemorativo que recorrió tres décadas de historia institucional, el acto fue inaugurado con un mensaje del Hno. Hugo Rivera Herrera, hermano Marista en la obra, quien recordó que la Universidad nació gracias a la fe, la visión y la valentía de quienes apostaron por un proyecto educativo inspirado en el legado de San Marcelino Champagnat.
En sus palabras, destacó que desde sus orígenes la Universidad fue concebida como una obra caracterizada por la fraternidad, el espíritu de familia, el trato sencillo y cercano, la excelencia académica y el servicio a quienes más lo necesitan.
Asimismo, evocó a los pioneros que impulsaron el proyecto universitario y recordó el papel fundamental de la Buena Madre, a quien describió como la verdadera rectora de esta obra educativa, así como la misión permanente de formar “buenos cristianos y virtuosos ciudadanos”.
Posteriormente, la comunidad universitaria pudo revivir algunos de los momentos más significativos de estas tres décadas mediante la proyección de una línea del tiempo audiovisual que mostró los principales hitos, logros y transformaciones que han marcado la evolución de la institución.
La voz de quienes sembraron la semilla
Uno de los momentos más significativos del homenaje fue la intervención del Dr. José Antonio Buenfil Guillermo, hermano laico Marista, primer director de las licenciaturas en Administración y Contaduría y miembro fundador de la Universidad.
Con profunda emoción, recordó los inicios de una obra que parecía imposible, pero que fue sostenida por la fe, la confianza en Dios y la convicción de que educar es transformar vidas.
“Hace treinta años no aceptamos simplemente un empleo. Elegimos una opción de vida”, expresó durante un discurso que provocó numerosos momentos de reflexión entre los asistentes.
A lo largo de su mensaje, recordó que la verdadera grandeza de una universidad no se mide por sus edificios o por su crecimiento institucional, sino por las vidas que impacta y por las personas que ayuda a formar.
“Hoy no celebramos treinta años de historia. Celebramos treinta años de fidelidad”, afirmó, destacando que el mayor legado de la Universidad son los miles de egresados que hoy sirven a la sociedad desde diversos ámbitos profesionales llevando consigo los valores maristas.
Por su parte, el Dr. César Briceño Navarrete, “Marista Afiliado” y también integrante del equipo fundador, invitó a vivir auténticamente los valores representados por las tres violetas del emblema marista: la humildad, la sencillez y la modestia. Asimismo, expresó la confianza de la generación fundadora en las nuevas generaciones que continuarán impulsando la misión educativa de la Universidad con el mismo entusiasmo y compromiso que inspiró sus inicios.
Un reconocimiento cargado de gratitud
El momento culminante de la ceremonia llegó con la entrega de reconocimientos al equipo fundador, realizada por el Lic. Antonio Simón Gáber, presidente de la Junta de Gobierno, y el Hno. Hugo Rivera Herrera.
Cada homenajeado recibió una estatuilla de San Marcelino Champagnat acompañado de niños y niñas, símbolo del amor por la juventud y de la vocación educativa que dio origen a esta obra universitaria.
Durante este acto, el Rector de la Universidad Marista de Mérida, Dr. Luis Alejandro Medina González, recordó que este reconocimiento trasciende a las personas homenajeadas, pues representa el valor de construir comunidad, trabajar en equipo y mantener vivo un proyecto educativo orientado a la formación de personas capaces de contribuir con la construcción de una sociedad más justa, respetuosa, solidaria y responsable.
Uno a uno fueron nombrados los 51 integrantes de aquel grupo fundador conformado por miembros de la Asamblea de Asociados, la Junta de Gobierno, directivos, docentes y colaboradores que hicieron realidad la apertura de la Universidad el 2 de septiembre de 1996.
Antes de concluir, el Rector evocó a dos actores fundamentales en esta historia: la primera generación de estudiantes, aquellos 142 jóvenes que depositaron su confianza en una universidad naciente y que hoy forman parte del legado vivo de la institución; y los Hermanos Maristas, San Marcelino Champagnat y la Buena Madre, inspiración permanente de la misión universitaria.
Una historia que sigue escribiéndose
La jornada concluyó entre aplausos, abrazos y recuerdos compartidos, dejando patente que la historia de la Universidad Marista de Mérida ha sido construida por generaciones de personas que han encontrado en ella una comunidad, una vocación y una forma de servir.
A treinta años de aquel 2 de septiembre de 1996, la Universidad mira con gratitud el camino recorrido, pero también con esperanza el futuro que tiene por delante. Porque más allá de los logros académicos, de la infraestructura o del crecimiento institucional, su verdadera fortaleza sigue siendo la misma que inspiró a sus fundadores: la convicción de que la educación transforma vidas y que, al estilo de San Marcelino Champagnat, es posible construir un mundo mejor formando buenos cristianos y virtuosos ciudadanos.
¡Felices 30 años, Universidad Marista de Mérida! Una historia construida por muchas manos, guiada por la fe y sostenida por una misión que continúa transformando vidas generación tras generación.





