Ambiente de familia. Distintivo del carisma establecido por san Marcelino Champagnat que reviste en la Universidad Marista de Mérida una máxima de vida. Precepto hecho realidad en este campus, como coincide la generación de la Escuela de Psicología que se acaba de graduar, que en cinco años logró forjar lazos que van más allá de la amistad.
El alumno con mejor promedio de esta carrera, Carlos Octavio Pérez Ayala, lo dejó claro en el discurso que pronunció en la ceremonia académica: «La Universidad Marista ha sido nuestra segunda casa; aquí percibe ambiente de familia, en donde se siente una calidez humana para con todos los integrantes de la misma, lo cual se refleja en el trato cordial, ayuda mutua y cercanía».
Y en una familia, las palabras de gratitud nunca sobran. Y así lo concibió el destacado egresado, quien las tuvo para el rector Miguel Ángel Pérez, su directora Verónica Boeta Madera y su equipo, sus maestros, sus compañeros —«… gracias por su amistad, y porque siempre están dispuestos a ofrecer su ayuda, cuando alguien lo necesita»— y, por supuesto, a Dios. «Por tantas bendiciones, por darnos vida y salud, haciendo posible el poder estudiar una carrera universitaria; gracias a la Virgen María y a San Marcelino Champagnat, que siempre nos protegen y guían con su ejemplo de vida», incluyó.
Carlos Octavio estudió en el seminario. En la casa de formación para sacerdotes fue su primer con un hermano marista, que le dio clases. Posteriormente, se percató que tenía otra vocación, y gracias al apoyo del padre Jorge Antonio Laviada Molina obtuvo una beca de Impulso Universitario para estudiar aquí, en la Universidad Marista.
Hijo de Irene Ayala Domínguez, Carlos Octavio es un ejemplo de superación. Durante su formación, trabajó en una refaccionaria para sufragar sus estudios; ahí realizó labores de auxiliar contable administrativo y fiscal, medio tiempo durante clases y tiempo completo en vacaciones. Conjugó el trabajo y el estudio con éxito, como lo demuestra su excelente desempeño académico; se graduará con la tesis «El papel de las funciones ejecutivas en el proceso de la lectura y la dislexia».
Realizó esta investigación junto con su compañera Karen Rosado, y para realizarla comparó a pequeños con problemas al leer y a escribir con otros que no. Esta investigación abarcó a varias docenas de niños y se realizó en los USAER.
Los resultados de esta tesis ayudarán, sin duda, a los docentes que tengan bajo su cargo a niños con problemas de lecto-escritura, ya que se muestra que las diferencias entre los que sí leen y escriben bien con los que no no son muchas.
Carlos Octavio tiene varios proyectos y sueños a futuro. Quiere, por ejemplo, cursar una maestría; le gustaría en Psicología Clínica, aunque no es su única opción. Asimismo, desea dar clases.
El recién egresado está enamorado de su profesión, y de dónde la aprendió. Tiene muy clara la responsabilidad que implica haber alcanzado un título académico en esta institución, y que sólo se ha dado el primer paso. «Esto no termina aquí», enfatizó en la graduación, «sólo se ha concluido un ciclo y abierto uno nuevo: el comienzo de nuestro ejercicio profesional. Ahora nos toca demostrar allí afuera el significado del Ser para servir, llevando a la práctica lo que nos han enseñado en las aulas, de vivir el carisma marista con nuestro comportamiento y actitud.
«Que podamos construir una verdadera comunidad sin injusticias, desigualdades, violencia, etc., con nuestra arma que es la educación, que se nos ha inculcado desde nuestros hogares y en la escuela, dando testimonio de vida, enseñando y seguir aprendiendo unos de otros, para que de esta forma, podamos ser verdaderos agentes de cambio, transformando así nuestra sociedad», invitó.





