“Nosotros, como sociedad… ¿Qué tenemos que hacer?”, le preguntó al padre Alejandro Solalinde Guerra uno de los asistentes al foro sobre derechos humanos de migrantes que se realizó ayer jueves en la Universidad Marista de Mérida.
“Tienen que hacer lo que hacen los maristas”, respondió el sacerdote, director del albergue “Hermanos en el Camino”, en Oaxaca, y uno de los campeones de la defensa de migrantes de México.
El padre Solalinde participó, junto con fray Tomás González Castillo, del albergue La 72, en Tabasco, y la “patrona” Norma Romero Vázquez, en la mesa pánel “Retos, Avances y Mecanismos de Protección a Defensores de Derechos Humanos de Personas Migrantes en México”.
El evento, que se realizó en el marco de la Primera Jornada de Promoción y Protección a los Derechos Humanos de las Personas Migrantes en México, fue moderado por el maestro Jorge Carlos Toledo Sauri, profesor de la universidad anfitriona de la asignatura Derecho Internacional de los Derechos Humanos.
“Cuando me dijeron que el foro sería en la Universidad Marista de Mérida”, recordó el padre Solalinde, “quedé fascinado”.
El sacerdote señala que los hermanos maristas han sido de gran apoyo en su misión con los migrantes. El albergue “Hermanos en el Camino” funciona en la población de Ixtepec, ubicada a sólo siete kilómetros de Ixtaltepec, donde laboran los maristas. Hermanos y alumnos de esa comunidad son un importante apoyo para el padre Solalinde y su equipo.
“En estos tiempos de crisis de vocaciones, a veces creo que la labor de los hermanos maristas es más valiosa que cualquier otra, incluso que la de los sacerdotes”, señaló el activista.
“Ellos están en contacto directo, su labor es enseñar, formar. En cambio, hay ocasiones en que los sacerdotes nos recluimos en labores administrativas”, comparó.
El padre Solalinde, fray Tomás y la “patrona” Norma fueron recibidos por Miguel Baquedano Pérez, rector de la universidad, y por los hermanos maristas Pablo Hernández García, vicerrector, y Eduardo Brondo González.
En una reunión posterior, el presbítero invitado al foro recordó que en uno de sus primeros retiros, recién ordenado, tuvo la fortuna de coincidir con el hermano Basilio Rueda, entonces superior general de los hermanos maristas en todo el mundo.
“Basilio era un santo”, aseguró, y recordó igual que durante su formación tuvo varios profesores del instituto fundado por san Marcelino Champagnat.
“Los hermanos maristas forman en valores; forman a hombres y mujeres comprometidos con la sociedad”, resumió el sacerdote, luego de exponer, junto con sus compañeros foristas, un triste escenario en donde se hace patente la labor de los frutos de los maristas.
Entre la Bestia y la fe
“Los migrantes son tratados como mercancía”, denunció el sacerdote en el foro que se realizó en la Universidad Marista. “Son mercancía para los criminales, mercancía para los policías —municipales, estatales y federales— y mercancía para sociedad”.
En la presentación de los activistas se alertó, por ejemplo, que los migrantes que intentan alcanzar el sueño americano en los lomos de la Bestia —el tren que recorre México, rumbo a los Estados Unidos— son obligados a pagar cien dólares por trayecto.
También, que hay tienditas a la vera de ese espinoso camino donde se lucra con los migrantes. “Por ejemplo, una coca cola que en cualquier otra tienda se vende a siete pesos, ahí las venden a noventa, cien pesos…”, señaló fray Tomás.
Ambos religiosos, el padre Solalinde y fray Tomás, temen por sus vidas. Ambos han sido blanco de criminales y políticos corruptos, que han intentado deshacerse de ellos —literal y metafóricamente— por quitarles la “mercancía”.
“Me han intentado quemar, a mí y al albergue; han incitado a una población a que me linche, me han golpeado, me han demandado…”, enumeró el sacerdote.
“Zetas” han amenazado “de tirar del tren” a fray Tomás, que solía subirse a la Bestia a apoyar a los migrantes que en sus entrañas soñaban con un mejor futuro.
“En una ocasión”, recordó el franciscano, “me dijeron que las bandas criminales estaban cobrando de nuevo las cuotas. Me pidieron que denunciara, y, al verme titubear, me preguntaron si me temblaba la mano. No me tiembla la mano, respondí.
Me tiembla todo el cuerpo”.
Norma Romero es parte de “Las Patronas”. Ella y sus compañeras cocinan todos los días y reparten los guisos a los pasajeros de la Bestia, cuando pasan por Veracruz. En su participación en el foro, dijo que ella ve en los migrantes a Jesús. El padre Solalinde y fray Tomás asintieron en silencio, totalmente convencidos.
El foro se realizó en el auditorio. Asistieron, además de alumnos de la Universidad Marista —principalmente de la licenciatura en Derecho y de la maestría en Derechos Humanos—, del Centro Universitario Montejo, del Mérida y del Loyola.





