El fin de semana pasado se realizó el último evento del semestre del voluntariado marista con los jóvenes agentes de pastoral de las comisarías de Dzizilché y Kikteil. Asistieron nueve alumnos de diversas licenciaturas, todos integrantes del voluntariado, y 22 catequistas y agentes de pastoral en general de las capillas donde cada 15 días nuestros alumnos colaboran con la parroquia de Chelem.
El fin de semana pasado se realizó el último evento del semestre del voluntariado marista con los jóvenes agentes de pastoral de las comisarías de Dzizilché y Kikteil. Asistieron nueve alumnos de diversas licenciaturas, todos integrantes del voluntariado, y 22 catequistas y agentes de pastoral en general de las capillas donde cada 15 días nuestros alumnos colaboran con la parroquia de Chelem.
Se realizó un paseo a Dzibizaltún, zona arqueológica cercana a la comisaría, pero que ninguno de nuestros jóvenes había tenido oportunidad de conocer. Después, se realizó una evaluación en la Casa Marista de la playa.
Estas actividades universitarias son la semilla que germinan después en nuestros egresados. La red de voluntarios internacionales Ubelong destaca hoy en su página web la historia de una egresada marista, Leonor de Arigunaga Arceo, quien en 2009 se tituló como licenciada en Administración.
Desde Perú, Leo se puso en contacto con nosotros, explicándonos que ahí trabaja en un centro donde hay niños con altos índices de desnutrición. «Es como una guardería, donde sus mamás los dejan y luego los pasan a buscar, como a las 3 de la tarde», entra en detalle.
«Tienen de 1 a 4 años y jugamos y les damos de comer. Por algunas tardes estuve en un centro de niñas y jóvenes que han sufrido abusos sexuales y maltrato».
Antes, Leo trabajó en Camboya, donde prestó sus servicios «en un orfanato de pequeños con VIH; les ayudaba en sus tareas y jugábamos». Sus labores incluían, asimismo, trabajar en la cocina, donde «ayudaba a preparar el almuerzo».
«Después combiné el orfanato por las tardes y en las mañanas iba a una escuelita a dar clases de inglés a niños de primero, segundo y tercer grados.»
La información que aparece en Ubelong se centra principalmente en la experiencia de nuestra egresada ahí, en Camboya. En una entrevista, se explica que antes de traspasar fronteras, Leo participó en misiones en Yucatán, experiencias gratificantes, ya que, a pesar de la pobreza de la zona rural, la gente es generosa y receptiva.
En relación a la decisión de irse de voluntaria fuera del país, Leo recuerda que mucha gente cuestionó su decisión, diciéndole que en México había mucha gente necesitada.
«Me dijeron que estaba loca... que no necesitaba irme lejos para ayudar a los pobres. Pero creo que mi experiencia en Camboya me dará energías para continuar en mi país lo que empecé ahí», explica.
¿Qué te motivó a ser voluntaria en Phnom Penh?, le preguntan.
«Quería hacer algo distinto, lejos de mi zona de confort. Mucha gente me dijo que eso era muy difícil, pero se me presentó la oportunidad de servir en Camboya y asumí el reto. Ya tenía experiencia como participante en mesiones en zonas con carencias en México, así que pensé que irme tan lejos no representaría un shock».
¿Cuál fue tu mayor reto durante tu estancia en Camboya?
«El idioma. Al principio, no me podía comunicar al nivel que se requería para lograr una diferencia. Aprendí palabras y frases en khmer para lograr acercarme a los niños. Comprendí el valor de la sonrisa, que es un lenguaje universal que te abre puertas. Enseñar inglés tampoco se me hizo fácil, ya que no tenía experiencia. Sin embargo, me esforcé. No todo me salió perfecto, pero creo que algunas cosas sí las logré...».
¿Qué aprendiste sobre ti en esta experiencia?
«Que soy capaz de cumplir mis sueños. Tengo un nuevo sentido de la responsabilidad, también, y comprendí que mis problemas son insignificantes si se comparan con los de otras personas que conocí.
«Con esta experiencia, ahora centraré mis energías en México. No soy alguien excepcional, no hago esto para que la gente diga que soy una heroína. hay muchísima más gente que igual trabaja para los demás en todo el mundo, en Camboya, en México».
Leo hace patente el lema de nuestra Universidad, Ser para servir. Su ejemplo ha ayudado a que muchos de sus amigos pierdan el miedo y se entreguen a los demás.





