UNIVERSIDAD MARISTA DE MÉRIDA A.C.

Donde habita el olvido

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-Recorrido histórico por los cementerios en la Universidad Marista-

Hay preguntas lapidarias. Lapidarias. Y esas fue las que planteó y contestó el juves 25 Limbergh Herrera Ba-lam, maestro en Ciencias Antropológicas, a alumnos de la Universidad Marista, en el marco de los jue-ves culturales de la institución.
 

¿Sabía que, a pesar de que se utilizan como sinónimos, hay mucha diferencia entre panteón y cemente-rio? El primero es un semicírculo, no precisamente curvo, con nichos adosados en la parte central.

¿Sabía que todos los camposantos son cementerios pero no precisamente todos los cementerios son camposantos? La única diferencia radica si el lugar fue bendecido o no.

¿Sabía de dónde procede el término que se utiliza para identificar a las edificaciones de los cementerios conocidas como palomares? Precisamente del término latín columba-columbo, paloma.

“Y la forma correcta de referirnos a estos es: el columbario o el columbarium, cuando es uno, o los columbaria, cuando son dos o más”, explica el maestro Herrera Balam, quien le está dando los últimos toques a su tesis doctoral, precisamente sobre los cementerios yucatecos en la época del porfiriato.

“Claro, si le preguntas a los encargados de los cementerios dónde está el palomar, te indican enseguida dónde… Si le preguntas dónde está el columbarium…”. La respuesta más indicada a la última pregunta será, literalmente, un silencio sepulcral.

¿Sabía que entierro es una herencia prehispánica? ¿Y qué a partir de la Colonia y la implantación del Registro Civil lo correcto es sepultura?

“Nosotros los arquéologos encontramos entierros; Con la creación de un reglamento los términos cam-biaron”, especifica el experto, cicerone de cementerios.

Autor de libros sobre el tema, integrante de la Asociación Yucateca de Especialistas en Restauración y Conservación del Patrimonio Edificado, con aval de la Unesco, y próximo catedrático de la Escuela de Administración Turística, en la materia Patrimonio Turístico Internacional.

Moradores a perpetuidad
“Ese es el ángel de la muerte”, apunta en una de las láminas de su presentación. “Tiene las alas exten-didas, una más arriba que la otra, con la mirada al vacío, a la infinidad, y un ramo de flores…”. Ese icono de la fatalidad tiene nombre: Azrael. “¿Cómo se llama el gato del malo de los pitufos?”, pregunta antes.

Los cementerios cuentan también con otros símbolos recurrentes, como el sauce llorón, cruces y figuras religiosas. La gran mayoría, proveniente de canteras e inspiraciones italianas.

“En el cementerio Staglieno, en Génova, hay una escuela de restauro única en el mundo”, informa. Y al decir “en el cementerio” es al pie de la letra. Dentro del lugar. Ahí, lapidarios, escultores y otros artistas de distintas disciplinas surten, desde el siglo XVIII, figuras y ornamentos de donde habita el olvido.

En la charla del maestro Herrera Balam se sepultan -de nuevo, nunca mejor dicho- dudas y leyendas urbanas. Y se recorre el patrimonio yucateco. Así, con diapositivas, el experto muestra fotos de cemen-terios, camposantos, panteones, columbaria, nichos y mausoleos. En Dzilam de Bravo, donde frente al mar hay un monomento al filibustero Jean Lafitte, una tumba, igual con tonos marítimos, anuncia que ahí yace Lorenso Esmit. Sí. Esmit. Tal vez otro pirata.

En el camposanto de Buctzotz destacan las edades de los difuntos al morir, muchos por encima de los ochenta y noventa, y en el de Peto, un muro con los precios fijados por el Ayuntamiento. “Terrenos a perpetuidad: 2.30 m por un m, a 1,500 pesos”.

En la guía igual hay fotos de las recurrentes casitas de paja yucatecas. En el cementerio Tekax, esos habitáculos tienen como vecinos edificaciones “fuereñas” y aún más “fuereñas”: casitas de tejas, tipo el centro de México, y otras con formas orientales, pero no vallisoletanas, sino japonesas.

El maestro Herrera ha participado en congresos, coloquios y seminarios locales así como nacionales e internacionales; e impartido conferencias en instituciones académicas dentro y fuera del país.

Ha publicado artículos en revistas y periódicos locales y nacionales y ha sido coordinador de varios congresos académicos relacionados con su tema central: “actitudes y creencias ante la muerte en el área y maya”. Desde 2005 es coordinador de la Región Sur de la Red Mexicana de Estudios de Espacios y Cultura Funerarios, A.C.
 

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