UNIVERSIDAD MARISTA DE MÉRIDA A.C.

Misa con compromisos y homenaje en la Universidad Marista

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Ante más de mil maristas yucatecos,  monseñor Jorge Carlos Patrón Wong encabezó ayer al anochecer una misa/convivencia para marcar los primeros quince años de la Universidad Marista de Mérida.

   Caía la tarde cuando en uno de los grandes jardines del campus marista del Periférico Norte se reunieron alumnos, maestros, egresados, directivos, padres de familia y representantes de todas las obras maristas yucatecas. Todos, en momentos especialmente planeados, formaron grandes murales con imágenes de san Marcelino Champagnat, fundador del Instituto de los Hermanos Maristas y de la Buena Madre.
    --Esta es una misa juvenil, una misa universitaria, una misa marista ---comentó una alumna de Arquitectura que sentada en el jardín participó en la ceremonia muy cerca de la sección donde estaban alumnos y maestros del CUM, el Colegio Montejo, el centro de Desarrollo de la colonia Emiliano Zapata Sur y la escuela Joaquín Peón.
    Antes de la bendición final, se transmitió una breve entrevista que Mons. Patrón Wong le hizo hace unos días en Roma al Hermano Emili Turú, superior General de los Maristas, y que sirvió de marco para el homenaje que toda la Universidad tenía programado para que fuera una sorpresa: El reconocimiento que se hizo al Hermano Manuel  Franco Jáuregui, “Chiquilín”, como el gran fundador de esta obra educativa.
   En reconocimiento al gran impulso que le dio “Chiquilín” al mundo marista yucateco durante los sólo seis años que trabajó en Mérida, el rector Miguel Baquedano Pérez le entregó un libro especialmente editado con relatos de gente cercana al ahora Viceprovincial marista y un compendio con sus artículos y declaraciones que publicó en el Diario de Yucatán durante su gestión como director del CUM.
   El libro recopila en 85 páginas escritos y fotos que rehúyen a la anécdota para hacer énfasis en el compromiso formador del hermano Franco Jáuregui.
   Junto con el libro, impreso en Uniprint y ya disponible en todos los colegios maristas de Mérida, el rector de la Universidad le entregó a “Chiquilín” el máximo reconocimiento que otorgan los cuerpos directivos de la casa de estudios: Una réplica de la primera piedra de la U. Marista. Sólo hay seis y ésta es la segunda que se confía a quien se considera un Marista Ejemplar de cuerpo y alma. La primera se le dio a monseñor Jorge Patrón, cuando, ya como Obispo de Papantla, dejó Mérida y también su puesto de capellán en la Universidad Marista.
     
     Antes de recibir el reconocimiento y cariño de todos los presentes, se recordó el paso firme que impuso “Chiquilín” a los laicos maristas que llamó para tratar de hacer realidad un viejo sueño: Tener una Universidad diferente, abierta para todos, sencilla, comprometida con la verdad y la justicia, pendiente de una formación integral y no sólo académica.
    Así, Jorge Muñoz Menéndez repasó cómo fuero n los inicios con apenas 140 alumnos y en salones de clase prestados al CUM y cómo es el presente con más de dos mil jóvenes reunidos en un moderno campus. También se pasó historia de cómo se prefirió ir reuniendo peso a peso y esfuerzo tras esfuerzo de muchos que comprometiendo presentes y futuros.
   Al recibir el primer ejemplar del libro “Chiquilín en Yucatán. El paso de Manuel Franco Jáuregui por los colegios maristas de Mérida”  y la réplica de la primera piedra el homenajeado estuvo acompañado por el rector,  y por los hermanos maristas Luis Roberto González González y Sergio García Blackaller, directores del CUM y el Colegio Montejo;  don Pablo Hernández García, vicerrector; Julián Cueva Pardo, presidente de la Junta de Gobierno; Juan Carlos Seijo Gutiérrez, rector fundador y actual director de Investigación de la Universidad Marista; José Enrique Gasque Casares, presidente del Patronato Marista; Valentina Uribe Jinich y Luis Alejandro Medina González, alumnos yucatecos de “Chiquilín” egresados universitarios y dos de los quince autores que participaron en el libro, entre otros.
   En una gran tarima donde se colocó el altar numerosos alumnos fueron armando  durante la celebración varios símbolos. Participaron en la dinámica alumnos y maestros, entre ellos los que participan en los cursos para Adultos Mayores y del programa para jóvenes con capacidades diferentes del taller Construyendo Puentes.
   También: Imágenes monumentales  de La Buena Madre, advocación Marista de la Virgen María, y de san Marcelino Champagnat, fueron tomando forma ante la mirada de más de mil personas  y entre cantos  y música.
  Dos momentos especiales: El de la paz, en donde cada persona coloco a otras cinco una pulsera como símbolo, y el de la acción de gracias, donde se invitó a los presentes a plasmar sus manos pintadas en un gran lienzo con una leyenda que dice “gracias Señor” , mural que después fue izado para constituirse en la expresión de una comunidad educativa que está consciente  de sus logros pero también de sus retos y responsabilidades. 
 
 

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