Crónica de la visita de Mons. Jorge Carlos Patrón Wong a la Universidad Marista de Mérida, el miércoles 5, escrita por nuestro capellán, Pbro. Jorge Carlos Menéndez Moguel.
“No es una casualidad que la única Universidad en Yucatán que tiene en su nombre oficial un título religioso sea la Universidad Marista”. Creo que este pensamiento expresado literalmente por Mons. Patrón Wong en la visita que realizó a nuestra Casa de Estudios el pasado martes 5 de noviembre de 2013 captura los no pocos conceptos y sentimientos con los que perfumó el ambiente universitario esa mañana.
“En las venas de esta Universidad, desde que la soñamos quienes estuvimos en sus cimientos, estuvo y está el deseo del Padre Marcelino Champagnat de crear un espacio de formación integral con un corazón abierto para todos. No en balde en el ADN de Institución está tatuado el lema: ser para servir”. Quien fuera miembro del equipo de promotores, iniciadores, profesor titular desde el primer día y Capellán por varios años, ingresó a nuestra casa de estudios y se dirigió directamente a quienes están en su corazón permanentemente: los jóvenes. Fue saludando en la cafetería a todos los que ahí se encontraban antes de subir al salón de actos –que resultó del todo insuficiente- que albergó su primer encuentro matutino.
Desde que tomó el micrófono señaló a todos los presentes, luego de recibir la cálida y fraterna bienveni da del Rector, el M.I. Miguel Baquedano Pérez, que se sentía verdaderamente en casa en la Universidad Marista. Y de hecho lo es. Miembro de la Junta de Asociados de esta Institución desde su inicio, el padre Patrón –como todos lo llaman cariñosamente- no escatimó en darle vueltas una y otra vez a una idea rectora que trajo para oxigenar nuestra Universidad: “Esta casa de estudios debe asumir el compromiso de ser fiel a la misión que sus fundadores le inyectaron: de la mano de María ser discípula de Cristo en el ambiente en el que vivimos y donde los malosos tratan de contaminarlo”. “No olvidemos que antes de ser estudiantes de una profesión obedecemos a algo más profundo: a una vocación. Y la primera de todas las vocaciones del corazón humano es al amor, a la vida”.
En un diálogo franco, sin mediadores, respondió abiertamente a las preguntas que los jóvenes primero, y los profesores y equipo administrativo después, le fueron planteando. Repitió una y otra vez que su sueño es ser siempre fiel a aquello a los que el Señor le ha pedido. A lo largo de su vida le ha dicho sí a Dios al través de los distintos llamados que la Iglesia le ha hecho. Hoy esta misma Iglesia, en la persona de su pastor universal, el Papa Francisco, lo ha convocado a estar cerca de él en el significativo e importante encargo de darle seguimiento a las directrices del Magisterio de la Iglesia en las casas de formación de los futuros sacerdotes de todo el mundo. “Ahora mi familia serán los seminaristas, los miembros del equipo de formadores y rectores de los seminarios de todos los continentes”.
Para Jorge Carlos Patrón Wong la huella de la formación marista que recibió desde el primer año de primaria hasta el tercer año de preparatoria es elocuente. La apuesta a favor de la sencillez ha sido la lección que mejor aprendió en su vida. Tal como María Santísima fue dócil y sencilla ante la voluntad de Dios así ha tratado de ser el ministerio presbiteral –primero-, y episcopal después en su vida. Sin mencionarlo explícitamente muchos recordamos unas recientes palabras que pronunció el Papa Francisco: “Para ser un buen sacerdote no cuenta el curriculum sino la humildad”. La Iglesia en general, y la formación universitaria en particular tienen la misma vocación de servicio en la sencillez. Y en este sentido mencionó con especial cariño y nostalgia a aquellos que fueron sus tutores y a los que permanentemente recuerda en sus oraciones: Hno. Enrique López Nieto, Hno. Osiel Gómez López, Prof. Julio Segovia Sosa, Mons. Manuel Castro Ruiz. Y ahora más recientemente ha seguido -como discípulo que también es- a un sabio Obispo que le ha recordado dos cosas: “Ama a tu pueblo y no te olvides de tu familia, de tus amigos, de tu Seminario, de tus compañeros”.
La visita de Mons. Patrón Wong no pudo tener mejor desenlace que la celebración eucarística. Acompañado del Rector, de muchos profesores, alumnos y personal administrativo y de mantenimiento, oró para que todos recordáramos la sangre marista de ser fieles al Señor al estilo de María. El “Dulce Madre” que entonamos al finalizar la misa nos supo, no a una despedida, sino a un permanente “nos seguimos viendo”. Porque los amigos –cuando lo son de corazón- no se van jamás. Están siempre presentes.




