El Maestro

Por Julio Andrés Gordillo Camacho alumno del quinto semestre de la licenciatura en Derecho.

 

Querido lector, ¿en algún momento te has preguntado, quién es tu Maestro?

Me gustaría comenzar haciendo referencia a lo que la Real Academia de la Lengua  Española,  nos describe como definición de “Maestro” y desde 23 puntos de vista y definiciones y desde  diferentes ámbitos de la vida, entre los cuales podemos mencionar: 1) Maestro; como aquella persona que enseña una ciencia, arte u oficio; 2) aquel Maestro compositor de música; 3) también un hombre que tiene un grado de filosofía mayor, conferido por una universidad, por otro lado también es Maestro un  4) integrante de la marina con alto grado dentro de una embarcación; o el más común, 5)aquella persona que ha cursado con éxito un posgrado.

Lo anterior lo sabemos desde los 4 años que comenzamos nuestro caminar por las aulas de estudio, poco a poco vamos reforzando y complementado nuestra  idea de Maestro siempre en el rol de la enseñanza; en éste punto me gustaría  referirme al trabajo que realizan éstos conocedores de la educación, trabajo al que en gran parte debemos lo  mucho o poco que  como jóvenes universitarios sabemos; lo que los grandes genios del mundo y las personas más influyentes del planeta saben, defienden o valoran, se debe a los conocimientos que los Maestros escolares nos transmitieron de viva voz y a través de los libros,  claro, siempre con un toque personal para lograr nuestro mejor entendimiento. Pero ahora que mencionamos los libros, estaríamos de acuerdo que los autores son eminencias en el conocimiento del área en el que se desempeñan e igualmente podríamos considerarlos maestros de su especialidad, está de más insistir en que éstos autores obtuvieron conocimiento proveniente de escuelas como mencionamos al principio, y así podríamos seguir sin terminar de describir el círculo educativo, el cual se enmarca seguramente en un sin número de talentosos Maestros de diversas áreas del saber.

Sería importante que hagamos a un lado nuestra idea sobre Maestro desde el punto de vista de la educación formal, profesión o grado de conocimiento y pensemos un poco más en las personas que tenemos más cerca de nosotros, aquellas  que nos  enseñaron a dar los primeros pasos, a comer y a expresarnos; aquellos que tal vez que sin tener un título universitario o sin aprobar un posgrado son verdaderos Maestros del conocimiento de valores, principios e ideales.

Ellos  son quienes nos acompañan y guían por el camino de la verdad, nos levantan de nuestros tropiezos y nos inyectan ánimos para seguir; también nos alzan la voz, pero no por hablar, interrumpir en clase o no pasar un examen; si no  por tener la preocupación latente de que seamos mejores personas, ¿no te gustaría tener un Maestro que te pase las respuestas a tus preguntas de la vida?, no pierdas más tiempo, a tu lado tienes a los  verdaderos Maestros:  tus padres.

A través de ellos  estamos también  ligados a una caja de tesoros y conocimientos, vivencias y experiencias, que vienen cargadas de ternura y cariño para con nosotros, ellos son los nuestros abuelos quienes seguramente están   ansiosos de transmitir no sólo la sabiduría que la vida les ha dado sino la alegría y el gozo de  estar más cerca del verdadero Maestro, el más sabio y el original, Dios, quien es titular de la mejor materia que existe sobre la tierra, LA VIDA.

 

México a la deriva

 

Por Gerardo Millet Menéndez alumno del séptimo semestre de la licenciatura en Administración.

 

Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado.
Confucio.
 
Vivimos en la añoranza de viejas épocas, gloriosos acontecimientos y momentos históricos que jamás regresarán, nos hemos sentado durante la última década en la butaca del espectador a mirar una película de terror que parece no tener fin: nuestro país, México. Nos hemos sentado a mirar y añorar viejas glorias, pero no hemos hecho nada más que eso, nos hemos acomodado en una butaca sin opinar, hablar y mucho menos actuar, pareciera que estamos esperando el momento en que nos despojen de nuestra butaca y nos quedemos sin nada para darnos cuenta que nos encontramos en un barco destinado a naufragar, donde unos cuantos piratas serán los únicos que sobrevivirán a costo de una sociedad completa. La última vez que los mexicanos levantamos la voz y decidimos unirnos en beneficio del país para derrocar a un viejo dinosaurio de Los Pinos lo logramos, pero perdimos con ello la esperanza, pues colocamos a un dinosaurio más voraz, rapaz y ambicioso que terminó de hundir y socavar a nuestro país, y a nosotros mismos con él, logrando e incluso superando lo que a sus predecesores les tomó 70 años, sólo que a ellos les tomó únicamente 12.
 
Me es difícil entender cómo es que hemos llegado tan lejos sin poner un alto, cómo nosotros mismos hemos decidido colocarnos una venda en los ojos y dejar este enorme barco a la deriva, con unos capitanes que únicamente nos están engañando y saboteando, a los que nosotros no nos atrevemos a cuestionar o exigir.
 
Es cierto que nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, pero cualquiera puede empezar ahora y hacer un nuevo final. Cambiémosle el final a esta película, no nos quedemos desparramados y apáticos en la butaca esperando el desastroso final, démosle un cambio y marquemos una diferencia, una diferencia que perdure y que nos redireccione hacia un futuro más próspero y prometedor.
 
La clave de esta diferencia se encuentra en la educación y participación, en tener un México más preparado, culto, exigente y proactivo, acabemos con el ciudadano vasija que únicamente se sienta a esperar recibir y que no aporta nada a cambio, el mexicano mediocre, ignorante y maleable, que solamente se acomoda a la situación que le toca vivir, sin razonar ni actuar. Mientras este estereotipo de mexicano siga predominando en nuestro país serán unos cuantos tiranos quienes sigan al frente de este barco y lo lleven a la deriva, pues sus tripulantes no tienen la capacidad ni la preparación para cambiar la situación.
 
No seamos únicamente tripulantes de este barco, seamos partícipes de él, rememos todos en la dirección que nos lleve a tierra firme y próspera, de lo contrario, no tendremos derecho de quejarnos de nuestro destino.
 
Estamos a tiempo de rescatar el rumbo y marcar una diferencia. Se aproximan tiempos tormentosos, de decisiones difíciles y trascendentales, que dejarán huella en nuestra historia, en nuestra descendencia y en nuestro querido país. Debemos prepararnos para enfrentar estas tempestades con prudencia, templanza y mucha sabiduría, pues una decisión errónea puede cambiar por completo el fin de nuestra película.
 
Pitágoras decía que si educábamos a los niños no sería necesario castigar a los jóvenes; México hoy necesita castigos, porque no hemos sabido educar a nuestros jóvenes, hemos creados generaciones rapaces que justifican los fines con los medios, sin importar las consecuencias de los últimos, ciudadanos que han llevado al país al borde del caos.
 
No sólo podemos, sino que debemos rescatar esta situación y aprender de ella, educando a los niños para no tener que castigarlos cuando crezcan.
 
Es cierto que ninguna batalla es fácil, si la peleamos podemos perder, pero sino peleamos ya estamos perdidos.
 
Analizando la situación actual de los mexicanos me viene una frase de Sir Francis Bacon a la cabeza, “quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde”. ¿En qué categoría te clasificas tú?
 
 
-Nota publicada en el Diario de Yucatán-
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