Discurso del M.I. Miguel Baquedano Pérez

 

 
Buenas noches.
 
 Esta es una noche especial para los maristas de Yucatán  pues se inicia una jornada anual en la que queremos festejar nuestros primeros quince años como Universidad recordando retos, motivos y compromisos.
  Los abrazos y las felicitaciones decidimos cambiarlos por la revisión metas y la búsqueda de nuevas herramientas para impulsar una aventura en la que, anticipándose a los tiempos, un  grupo de laicos recurrió a sus maestros maristas para que, juntos, ensancharan las oportunidades de formación.
  Hoy, quince años después,  uno de los documentos básicos de la misión marista universal es “En torno a la misma mesa”, en el que se perfila esa suma de compromisos y visiones para mantener vivo el modelo educativo de san Marcelino Champagnat.
   Y en tiempos como los actuales en los que se busca efectividad y oportunidad, todo el plan de San Marcelino conduce a un espacio tan vigente como comprometedor: Hay que formar buenos cristianos y mejores ciudadanos…
  Más claro resultaría difícil exponerlo. Hace casi 200 años en Francia, hace más de cien en Yucatán y hace más de 15 aquí en el ámbito universitario está clarísimo el mensaje: Si queremos ser para servir, si queremos servir de algo trascendente hay que apostarle a ser buenos cristianos pero también buenos ciudadanos.
   Para eso se abrió esta Universidad. No sólo para sembrar conocimientos, definiciones y fórmulas. La calidad educativa sólo es una de las palancas de la misión. La otra navega por el mar del humanismo, de la solidaridad, de la búsqueda genuina de la verdad y la justicia.
  Hoy nos abrazamos rodeados por más de dos mil alumnos universitarios, con una recién estrenada escuela de Medicina, con edificios modernos y maestrías y cursos especiales en diferentes campos… pero nada de eso tendrá razón de ser si a la hora de aplicar lo que aquí se enseña no somos capaces de entender, enfrentar y resolver los principales problemas sociales y económicos que nos rodean.
  “Una universidad para todos”, se leía en algunos carteles de la Marista hace quince años… Sólo sabremos si estamos avanzando si el pueblo maya, los más pobres de los yucatecos, están encontrando oportunidades y rasgos de justicia… fueron las palabras que el hermano provincial de entonces, Antonio Cavazos, lanzó retadoramente al comenzar las clases.
  Hoy, repasando todos los esfuerzos que surgieron en Yucatán hace más de cien años en las primeras escuelas de artes y oficios que abrieron los Hermanos Maristas en Espita, Ticul, Valladolid… Revisando siembras y cosechas en el Colegio Montejo, la Joaquín Peón y el CUM… Evaluando alegrías y desilusiones llegamos a estos primeros quince años cargados de entusiasmo y esperanza.
   Entusiasmo porque trabajar con jóvenes es la mejor receta para ver el futuro como un camino y no como una misteriosa caverna… Entusiasmo porque seguimos observando a directivos y maestros más comprometidos con dar que con recibir… Entusiasmados porque los Hermanos Maristas de México ven en nuestra Universidad no sólo una de sus grandes aventuras modernas sino como un exitoso laboratorio de cogobierno y de corresponsabilidad.
  Y también hay esperanza. Mucha esperanza pese a las sombras que acechan a jóvenes y mayores. Pese a los obstáculos que rodean tareas y misiones como las que nos hemos propuesto.
  Estamos esperanzados porque ya estamos viendo buenos y jugosos frutos en el trabajo de decenas de nuestros egresados. No estamos arando en el mar. Es falso que todo esté perdido. Aquí, en el trabajo diario, hay motivos de esperanza al recibir informes de cómo se desenvuelven en el mercado laboral y la sociedad misma nutriólogos, abogados, contadores, administradores, sicólogos, ingenieros.
   Al decirlo no queremos ni estamos echando las campanas a vuelo sino premiando el esfuerzo, la congruencia de los que entendieron cuál es la misión y cuál es el riesgo de no buscarla.
   Nuestros egresados, piezas clave de cualquier evaluación, pero también nuestros orígenes y nuestro compromiso ante la gran generosidad de miles de familias yucatecas que confían en que sumando el esfuerzo de muchos se llega a cosas grandes sin necesidad de hipotecas y claudicaciones.., ante todo eso hoy quiero dibujar con optimismo la Universidad Marista que soñamos esculpir en los próximos quince años.
     Queremos y nos comprometemos a luchar porque la Universidad Marista siga creciendo como hasta ahora: Contra viento y marea  porque en ella se busca practicar y promover la justicia… porque se busca siempre la verdad y la solidaridad, y se apoya al que menos tiene apostando así a una comunidad más equitativa y responsable,.
    Nos proponemos, siguiendo la misión de Champagnat, ser una universidad incubadora de buenos cristianos y mejores ciudadanos para que así la sociedad sea el motor del desarrollo.
   Tenemos también que redoblar esfuerzos para ser una buena escuela marista, fraterna  y que construya puentes… Una universidad que sea reconocida por su calidad académica pero también por la siembra que hace de valores y virtudes.
 
 
 
   Insistiremos en la sencillez y el ambiente de familia para así hacerle frente a las marejadas de la inmediatez, el relativismo y la frivolidad…. Y queremos hacerlo sin tener miedo a la modernidad. Al contrario, empleando la tecnología como herramienta para seguir cerca de los jóvenes.
   Tenemos que ser una universidad que sea capaz de formar a sus egresados para que le devuelvan a su comunidad, en especial a los más marginados, lo que se merecen.
    Hay que estar pendientes del mercado laboral y de las aspiraciones juveniles, pero también de atender las áreas donde Yucatán más necesita lo marista… para así llegar a ser el estado que merecemos…. Por eso no hay que tener temor de abrir o cerrar programas académicos mientras nuestra meta esté clara y bien definida.
  La ley de la oferta y la demanda, las leyes del mercado no son las que deben fundamentalmente regular la vida universitaria marista… Nacimos para algo más. Por eso nuestra competencia es con nosotros mismos y el objetivo lo conseguiremos en la medida en que seamos congruentes y libres.
   …Siempre combinando Fe y razón, hay que alentar mucho la reflexión y, al mismo tiempo,  promover la investigación en los campos de la medicina, la ingeniería, el cuidado del medio ambiente y el desarrollo social y económico sustentable.
   Para muchos todo esto es un sueño, pero hoy, de cara a ustedes, puedo decirles que mi paso por la Marista; mi cercanía con la realidad juvenil y educativa; la fraternidad con que trabajamos con los Hermanos Maristas, y por los testimonios de entrega y compromiso que observo a diario dentro y fuera de los salones de clase… Por todo eso puedo decirles que esto no es un sueño, sólo un nuevo reto como el que hace quince años parecía inalcanzable y hoy comprobamos que es una realidad y uno de los ejes más importantes de la sociedad yucateca.
   En quince años sólo se ha escrito parte de la historia. Nos falta aún mucho por hacer.
  …Sí se puede. Manos a la obra.
 
Muchas gracias.
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