La propuesta educativa universitaria, nace de nuestra identidad: Marcelino Champagnat es la raíz que da vida a la educación marista. Los tiempos y las circunstancias cambian, pero su espíritu dinámico y su visión siguen vivos en nuestros corazones.

1. Somos una universidad privada.
Abierta a todos. Quizá uno de los mayores retos de nuestra Universidad sea el de evitar a toda costa convertirse en una universidad elitista, reservada sólo para estudiantes con recursos. Marcelino Champagnat, al fundar a los Hermanos Maristas, pensaba especialmente en los jóvenes menos favorecidos. Sin olvidar nuestro compromiso por ofrecer una educación de calidad: solidez en sus programas, actualización en sus currículas, vinculación con las necesidades del mundo social y laboral y participación en las organizaciones universitarias de la ciudad, de la región y del país.

2. Somos una universidad de inspiración cristiana.
Pretendemos formar, no sólo informar o transmitir ciencia. Para la gestión, organización, extensión y docencia, es fundamental la formación moral expresada en la vivencia de los valores cristianos y en su presentación metódica y sistemática a la comunidad universitaria, con la finalidad de propiciar un diálogo y síntesis entre fe, cultura y vida. Tenemos la ineludible misión de ejercer una posición crítica ante los antivalores de la sociedad postmoderna. Una propuesta alternativa de sociedad tiene que brotar explícita y clara de toda universidad de inspiración cristiana; de ahí la importancia de establecer y sostener las carreras que apoyen tan importante misión.

3. Somos una universidad marista.
El estilo marista se fundamenta en una percepción global o integral de la educación. Se basa en la comunicación de valores. Se implementa con una metodología humanista. Fieles a Marcelino Champagnat, los directivos y educadores maristas son creativos al encarnar los valores evangélicos en los jóvenes contemporáneos. Basados en una relación cordial, la metodología marista toma del entorno los aciertos pedagógicos del presente y los incorpora en una didáctica teñida de fraternidad, alegría y respeto.

4. Somos una universidad mexicana.
Como parte de un país que enfrenta un rezago social enorme, una democracia incipiente, una crisis cultural profunda, la universidad no puede subsistir dentro de una burbuja de aislamiento: No puede ser indiferente, ni puede rechazar el compromiso. Por otra parte, el ambivalente fenómeno de la globalización le exige reflexión, pensamiento y acciones que minimicen los aspectos negativos de esta peculiar manera de vivir el mundo contemporáneo. Los desequilibrios en los valores éticos requieren de inéditas respuestas a las generaciones emergentes. Y este es uno de nuestros desafíos del pensamiento universitario al que nos sentimos llamados.

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