Mérida, Yucatán, a 29 de noviembre de 2012

Discurso del arquitecto Oscar Hagerman en la inauguración del Aula CONAFE en Dzitina, Yucatán.



Quiero darle las gracias CONAFE por haber confiado en nuestros alumnos para hacer el proyecto de esta escuela. Y muy especialmente quiero agradecer al equipo de estudiantes que me tocó dar clase de proyecto el semestre pasado y de una manera muy especial a Julio, Eduardo, Mariana y Carlos, que formaron el equipo que hicieron el proyecto arquitectónico y que acompañaron después del semestre de clases la supervisión arquitectónica de la obra; como trabajo de servicio social. También quiero agradecer muy especialmente a María del Mar, Adalberto y Lucy por su comprensión y apoyo en el proyecto de los muchachos. La escuela Marista y al Programa Aprender Sirviendo, por darnos la oportunidad de hacer este trabajo.

Gracias también a mi querido amigo y director de la Escuela de Arquitectura, el arquitecto Javier Muñoz alias el Bonch, por apoyarme cuando me enfermé, para terminar de sacar adelante el proyecto.

Gracias a mis colegas y maestros Mario Peniche y Mauricio Gallegos, por acompañar a los alumnos en el diseño de este salón de clases.

Y por último, gracias a la comunidad por el apoyo y a los niños de la Escuela, por los bonitos dibujos y cartas que me escribieron.

Gracias a todos los que hicieron posible este sueño.

Para mí, este trabajo fue un reto muy importante y difícil, el ser maestro de un grupo de excelentes jóvenes que hicieron este proyecto, fue un reto muy grande, pero creo que valió la pena, principalmente por dos razones:

La primera es que los niños de esta comunidad tienen ahora un “aula acariciadora”, porque cuando pasa el viento y cruza el salón, los acaricia; porque tienen un aula con estas grandes terrazas que permiten a los maestros agruparlos de diferente manera de acuerdo a los años que están cursando; y que protegen al salón de clase como si fuese una gran gorra de jugar baseball, que nos quita el sol de la cara; un aula en donde pueden meterse como un refugio cuando pasan los huracanes, un aula que pueden cerrar las ventanas en el invierno para que nos les entre el frío, pero que sigue entrando la luz por las ventanas, y un aula con el techo alto, para que no se caliente en verano. Un aula sombreada por esa preciosa ceiba que hay en el terreno. Todas estas cosas bonitas pasaron por el esfuerzo y trabajo de un montón de personas que pusieron su empeño para que esta aula sea tan bonita.

La segunda razón por la que valió la pena este esfuerzo para hacer este proyecto fue todo lo que aprendieron los alumnos de Arquitectura haciendo este trabajo. Aprendieron que en Arquitectura lo importante son las personas, aprendieron que cuando los proyectos se hacen con cariño la arquitectura nos sonríe y se vuelve hermosa, aprendieron que la arquitectura hay que relacionarla en el lugar donde se va a construir y con la gente; aprendieron a hacer proyectos de a de veras y no nada más en una hoja de papel o en una computadora.

También aprendimos a cambiar las cosas cuando en el proyecto algo no está del todo bien, a reconocer que a veces nos equivocamos y podemos corregir nuestros errores a tiempo, si estamos dis-puestos a aceptarlos. Aprendimos a trabajar con otros estudiantes de ingeniería, que nos ayudaron a hacer el presupuesto, con las personas que tanto nos ayudaron para entender que era un aula unitaria, con la personas y los niños de la comunidad que nos enseñan como debería de ser una aula para ellos.

Yo pienso ahora más que nunca que la mejor manera de aprender arquitectura es haciéndola, que no hay mejor maestro que la experiencia.

Y vuelvo a agradecer a CONAFE por creer en los jóvenes arquitectos y sus maestros para realizar estos proyectos.

Hace poco menos de un año cuando fuimos con Adalberto y María del Mar a visitar las comunidades que más urgencia tenían de un salón de clases, me recuerdo que en una comunidad nos encontramos con un joven promotor o maestro de 14 años. Él nos dijo que cuando había llegado a dar clase, le habían dado ganas de llorar cuando vio el pobre salón que tenía para enseñar a sus alumnos.

Hoy en día, este joven maestro ya tiene un nuevo salón bien acondicionado, gracias al cuidado que ha puesto CONAFE, en construir nuevos valores en las comunidades que más lo necesitan.

Lo que hemos hecho todos juntos haciendo este salón es ayudar a construir un México de la espe-ranza. Gracias por ayudarnos todos a aprender a servirles con todo el cariño de nuestro corazón.

 

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