Foro Universidad Marista

Los jóvenes, cada vez más lejos de la Iglesia

13 de noviembre de 2012.

 




Hoy es un día muy especial, pues con hechos demostramos que en un espacio universitario como el Marista se pueden analizar los temas de actualidad, se pueden encontrar Fe y razón.

El sólo hecho de que la Universidad Marista convoque a un foro para hablar de la lejanía de los jóvenes de la iglesia consolida el árbol de libertad, madurez, responsabilidad y confianza que forma el bosque que nos encargó ampliar y proteger san Marcelino Champagnat.

Un proyecto universitario moderno, como el nuestro, luciría cuando menos incompleto si no se arriesga a reflexionar sobre los grandes temas que tienen o tendrán a los jóvenes como protagonistas.

Los que recibimos el regalo de la Fe tenemos que esforzarnos para estar preparados no sólo para analizar sino para debatir y defender la importancia que tiene vivir el Evangelio por encima de los formalismos y rituales, más aún si en nuestra agenda figura la apuesta por la solidaridad.

La universidad moderna, la Universidad Marista de Mérida debe ser una caldera donde encuentren espacio las ideas, y no para construir nuevas Torres de Babel sino para ir tallando compromisos fruto del convencimiento y la necesidad de aprender a vivir en comunidad.

Por eso, desde ahora, este Foro ya es un éxito.

También lo es porque nos hemos reunido aceptando una realidad: Los jóvenes yucatecos, como los europeos y los de otras latitudes están dejando cada vez más vacíos los templos, más solitario al Jesús crucificado… y todo lo que rodea a los sacramentos aparece en su agenda sólo como frívolos eventos sociales.

Los motivos de ese éxodo, con vínculos tanto en la sociología que con lo religioso, forman parte del perfil que hoy arrastra la juventud: Rehúye al sacrificio, no quiere asumir responsabilidades, prefiere lo rápido y placentero, la amistad no es más que una sociedad de conveniencias….

Una revisión rápida de las estadísticas nacionales sobre prácticas religiosas… el constatar el reducido número de nosotros que participa en las ceremonias que aquí mismo en la Universidad Marista se realizan… el promediar la edad de los jerarcas mundiales, continentales y locales de la iglesia… el escanear los rituales –con su pompa e indumentarias que parecen salidas de algún cuento medieval-- que se siguen en grandes concentraciones o simples misas comunitarias… el recordar recientes casos de incongruencia que dejan en claro hasta dónde llega la debilidad humana entre los que explotan una relación especial con lo divino… el constatar incluso con ejemplares ejercicios de perdón cómo merodean los pasillos vaticanos las influencias y componendas, muchas veces para controlar posiciones de un poder que puede calificarse incluso de anti evangélico…

Pasar revista a todo eso no sólo puede ocupar años sino también un esfuerzo que esta tarde queremos utilizar para, con respeto y responsabilidad, tratar de tomar conciencia de todo lo que implica vivir sin una fortaleza espiritual…
 

… De una u otra forma sabemos que la iglesia no sólo la forman los clérigos sino también los laicos, y por eso mismo, como parte del problema y de la solución, también nos gustaría exigir que se nos tome más en cuenta a la hora no sólo de planear sino de diagnosticar y abordar una crisis que sólo los obcecados se empeñan hoy en regar.

El mismo documento final del Tercer Sínodo de Yucatán, que marcó rumbos en 1992, minimiza la importancia, aunque fuera sólo demográfica, que tienen los jóvenes.

El lenguaje de ese documento rector de la iglesia local, y del mismo plan diocesano resulta distante para más del millón de jóvenes que viven en esta diócesis.

En el primero, el que marcó el Sínodo, a la catequesis juvenil se le engloba con la dedicada a los niños y el lenguaje general dista mucho de ser tibiamente autocrítico. A diferencia de hoy, cuando la juventud trata de tu al más pintado, el texto luce siempre aderezado con justificaciones o recuentos de progresos, que si bien después califican de insuficientes, nunca –ni remotamente—están encaminados a abordar retos como los de ahora.
 

En un legajo de casi 150 páginas y en medio de formalismos gramaticales, en unas cuantas líneas se reconocía falta de comunicación y pérdida del sentido de pertenencia… y que los sacerdotes no respondían siempre a lo que esperaba el yucateco. Pero afuera, en la calle, Yucatán hervía en una transformación sociopolítica que no sólo modificó los modelos de gobierno si no posicionó a la persona, al ciudadano como eje de muchas decisiones.
 

Así como en ese final de siglo tan cercano hervía Mérida y apenas se calentaba la maquinaria de la Iglesia, hoy la rapidez de los acontecimientos, el relativismo tan extendido y el poder de los monopolios acosan a todo lo que antes lucía garantizado por los siglos de los siglos.
 

Afrontar la realidad y reencontrarse urgentemente con la verdad y la justicia, apartándose de complicidades con personajes y fuerzas antievangélicas son pasos que deben conducir a repoblar filas con laicos que se sientan iglesia no sólo a la hora de la muerte o la enfermedad sino también a la hora de que se toman decisiones, cuya secrecía choca con los aires democráticos que se exigen por todos lados.

Se escucha duro, difícil… pero hay que decirlo porque hoy lo que está en juego no es una frontera o un tesoro sino la naturaleza misma de la naturaleza humana. Y pensar que Dios nunca abandonará a su iglesia resulta muy cómodo, incluso a la hora de creer que lo que hoy conocemos como iglesia es su iglesia, la que él pidió fuera el eje de un mundo mejor.
 

En estos 90 minutos nos acompañan Othón Baños Ramírez, doctor en Ciencias Sociales, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y profesor de la Unidad de Posgrado de la facultad de Arquitectura de la Uady. Tiene además, en su extenso currículum, cursos en Michigan y California, en Estados Unidos… Su presencia hoy aquí nos permite escuchar a un apasionado por estudiar la reconfiguración socioeconómica de Yucatán. Gracias a aportaciones de profesionales como él muchas interpretaciones artesanales quedaron en el olvido ante variables y constantes cuantificables, pronosticables y atendibles… Valga la repetición.
 

También está con nosotros Rafael Zúñiga Góngora, alumno del noveno semestre de Ingeniería Industrial y de Sistemas y un joven inquieto que desde las aulas maristas observa e incluso participa en varios grupos apostólicos. Su visión, enriquecida con reciente viaje académico a Brasil, creemos que representa la que tienen enfrente miles de yucatecos que nacieron con la crisis, están creciendo con la crisis y ya les recetamos más crisis.
 

Como Rafael, Diana González Cetina es egresada del Colegio Peninsular, y ahora licenciada en Administración por la Universidad Marista. Los últimos trece años ha sido promotora del Grupo Apostólico Mariano Evangelizador (GAME) y profesora de bachillerato en el Rogers Hall sobre Problemas Políticos de México. Tiene una Maestría en Finanzas pero “doctorado” en esfuerzos por tratar que los jóvenes cobren conciencia de la importancia que tiene la Fe en su protección personal y social.


Diana es hoy la jefa del departamento de Programas de Intercambio de nuestra universidad.
 

También está nuestro capellán Jorge Carlos Menéndez Moguel, quien no se ha conformado con administrar sacramentos y es un estudioso de las fortalezas morales. Como buen egresado marista y mucho valor sacerdotal dijo: … Sí le meto cuando le expusimos los vericuetos que implica estar hoy con ustedes. Su tesis doctoral misma desafía el inmovilismo y la cerrazón de la vieja iglesia.
 

Cada uno expondrá en unos 5 minutos algunas pinceladas del temario que les planteamos y ustedes podrán leer en la pantalla, y luego comenzará un intercambio de ideas que nos daría mucho gusto incluya a varios de los presentes, que de viva voz podrán exponer sus dudas en la parte final del foro.
 

Un vídeo, con todo este ejercicio de análisis, será transmitido por Tele Marista, estará disponible en nuestro portal web y se entregará a las autoridades eclesiásticas para que tengan a la mano lo que piensa una parte importante de la diócesis.
 

Comencemos pues con….

 

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